Según la UNESCO, el “Patrimonio cultural subacuático” se entiendo como todos los rastros de existencia humana que tengan un carácter cultural, histórico o arqueológico, que hayan estado bajo el agua, parcial o totalmente, de forma periódica o continua, por lo menos durante 100 años.

Dentro de esta definición se engloban desde buques hasta pequeñas monedas o restos de esculturas, vasijas y todo tipo de cosas que nos podamos imaginar a lo largo de la historia.

Para la protección de todos estos tesoros tan escondidos se llegó a un acuerdo en el año 2001 por el cual “patrimonio cultural subacuático no debe ser explotado comercialmente con fines de lucro o especulativos” aunque esto no prohíbe su utilización turística o de investigación arqueológica.

Lo que se pretende con estas medidas es proteger nuestro patrimonio y en ningún momento se deja del todo clara la pertenencia de lo que se pueda encontrar en el fondo marino. Los Estados Parte adheridos a estos acuerdos serían los encargados de legislar dentro de su territorio el patrimonio subacuático velando siempre por su conservación y promoción.

Grabado de la batalla que se conserva en el Museo Naval de Madrid.
Grabado de la batalla que se conserva en el Museo Naval de Madrid.

Pero en este panorama de preservación de nuestra cultura entra en juego la empresa Odyssey, con sede en Florida, se dedica a la búsqueda de tesoros en distintas aguas para posteriormente, en la mayor parte de los casos, comercializar con lo encontrado. Son numerosos los escándalos en los que se ha visto envuelta la empresa estadounidense llegando a ser acusados de estafadores y oportunistas. Resultaba curioso la subida en bolsa de la empresa siempre que anunciaba el descubrimiento de un nuevo tesoro de importantes dimensiones, tesoro que posteriormente no solía corresponder con el valor estipulado inicialmente.

Un caso especialmente llamativo y que confirmó las sospechas de muchos acerca de las prácticas de Odyssey fue el de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes hundida por un navío inglés en 1804, que iba cargada de oro y plata provenientes de Perú. En un principio el valor de lo extraído de los fondos marinos se fijaba en unos 500 millones de dólares que finalmente fueron reducidos a 7 cuando el gobierno español tuvo todo lo catalogado en sus manos.

Esta gran diferencia fue fruto de numerosas estrategias por parte de Odyssey, entre ellas el trucaje de fotos de las monedas encontradas que proporcionaron a los expertos.

Monedas de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Fuente: Ministerio de Educación.
Monedas de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Fuente: Ministerio de Educación.

Pero para que España pudiera gestionar su patrimonio subacuático se tuvieron que suceder numerosos litigios hasta que el Tribunal Supremo de Estados Unidos dictaminó que el tesoro pertenecía al Estado español y debía ser devuelto a sus legítimos dueños. Aún con la sentencia sobre la mesa, Odyssey tardó varios años en devolver el tesoro en su totalidad, y para cuando lo hizo se confirmaron las sospechas de engaño que habían llevado a cabo.

En la página web del Ministerio de Educación se puede acceder a una sección dedicada a la fragata en el cual se cuenta la historia de la misma, pasando por su hundimiento, y la recuperación del tesoro de manera interactiva.

Todos estos materiales, tras su restauración en ARQUATec –los laboratorios del Museo Nacional de Arqueología Subacuática-, pasarán a formar parte de la colección del Museo.
Todos estos materiales, tras su restauración en ARQUATec –los laboratorios del Museo Nacional de Arqueología Subacuática-, pasarán a formar parte de la colección del Museo.

Llegados a este punto debemos preguntarnos de qué manera es la que deseamos conservar lo que forma parte de nuestra historia y de nuestra cultura. Probablemente la adaptación del patrimonio subacuático a nivel turístico sea algo complejo y con unos costes demasiado elevados para los tiempos que corren. Pero no por ello debemos dejar que se comercialice con ellos y se utilicen para hacer negocios no siempre lícitos.

Aunque sean tesoros que no están a simple vista son igual de valiosos que los que podemos encontrar en tierra firme y por ello su conservación es igual de importante.  No se debe esperar a que una empresa “caza tesoros” se adueñe de algo para comenzar a darle el valor que realmente tiene. A veces los mejores tesoros son los que están más escondidos.

 


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