Debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades de los grandes partidos (I)

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[dropcap]A [/dropcap] pocos meses de unas elecciones generales de fecha aún desconocida, seis son las fuerzas políticas a nivel nacional con expectativas de sobrepasar la barrera electoral del 3% para hacerse con algún escaño en el Congreso de los Diputados. Con permiso de los nacionalismos, hablamos como supongo que imaginaréis, del Partido Popular, el Partido Socialista, Podemos, Ciudadanos, Unión Progreso y Democracia e Izquierda Unida. Pero, más allá de las posibilidades de unos y otros, ¿cuáles son los puntos débiles y sus mejores ventajas competitivas de cara a los próximos comicios? En las siguientes líneas y caso por caso, trataré de esbozar algunas respuestas a dicha pregunta. El artículo quedará dividido en dos partes. La inicial que hoy os presento, que tratará sobre el PP, el PSOE y Podemos. Luego, una segunda parte que dará cabida a las situaciones de Ciudadanos, UPyD e IU.

Comenzaremos por el Partido Popular, en este caso por aquellas debilidades y amenazas que más pueden perjudicarle en año electoral. Habría que mencionar en primera instancia la impopularidad que se ha granjeado la formación en su función de gobierno, más si cabe en uno de los períodos más convulsos desde hace décadas, marcadamente en el plano económico. Este desgaste resulta especialmente visible a raíz de los recortes en sectores clave como Sanidad o Educación, pese a las promesas que versaban justo de lo contrario. Hecho este que terminaría por poner en su contra a gran parte de la opinión pública. Pero más allá de los citados recortes, en el plano educativo la reaccionaria Ley Wert ha causado la furia de alumnos, docentes y padres. Prueba de ello, las numerosas y sucesivas huelgas estudiantiles convocadas durante los últimos tres años. No sin olvidar, por supuesto, la progresiva subida de impuestos que el Ejecutivo ha venido consumando a lo largo de la legislatura. El factor corrupción será otro de los lastres más pesados con los que tendrán que lidiar desde Génova, casos que pese a los esfuerzos de la cúpula por distanciarse o desentenderse, la salpican de lleno. Desde la trama Gürtel, pasando por Bárcenas y la financiación irregular del partido, hasta más recientemente la investigación contra el que fuera vicepresidente del gobierno en las legislaturas de Aznar, el otrora símbolo Rodrigo Rato. Todo ello además de la traición sentida por su masa de votantes más conservadora, a causa, por un lado de la renuncia programática al dar marcha atrás a la reforma de la Ley del aborto. Y en otro plano, el giro al centro consumado durante la vigente legislatura, sobretodo en política económica. Por último, cabría mencionar la incapaz estrategia de comunicación, tanto del partido como del gobierno, situada a medio camino entre el desconcertante silencio y el no menos inquietante manejo de los tiempos de Rajoy. Aunque esto último, según como se mire, podría ser la más sutil de sus fortalezas.

Pasando al apartado de oportunidades y fortalezas, nos encontramos con una objetiva, pero leve, mejora de la economía (al menos en términos macroeconómicos) que los populares vienen publicitando efusivamente ya desde hace meses. Por otro lado, su posición gobernante puede suponer una ventaja competitiva respecto de sus rivales; especialmente cuando poseen el poder discrecional de controlar el grifo económico. En otras palabras, conserva el Partido Popular la capacidad de coacción (mal que nos suene a los que creemos en la realidad de un Estado plenamente democrático) al disponer de la potestad de conceder o no licencias televisión, publicar o no una extensa lista de poderosos implicados tras un proceso de amnistía fiscal, otorgar o no subvenciones y primas a ciertas compañías…No dudaréis entonces de lo provechosa que puede resultar la posición dada la posibilidad de manejar a influyentes sectores de la sociedad (¿suponía acaso un grano en el culo Jesús Cintora?). En un plano interno, a día de hoy el PP es un partido relativamente compacto, con no demasiados conflictos internos y con un liderazgo meridianamente claro en manos de Mariano Rajoy y su segunda de abordo, Soraya Sáez. La experiencia de años de gobierno, junto con una estructura orgánica consolidada en todos los niveles territoriales, son otras de las fortalezas de la formación. Destacando sobre esto último el dominio en el ámbito local, con la alcaldía de más de 3.700 ayuntamientos en toda España (el 46%), que bien podría ser circunstancia clave en la batalla electoral.

Centrándonos ahora en el PSOE, y comenzando por sus más destacadas amenazas y debilidades, encontraremos en primera instancia el nefasto legado dejado por el gobierno de Zapatero fruto de una muy deslucida gestión de la crisis económica. Esto sobre todo en su segunda legislatura. Se intuye entonces que, como punto de partida, el descrédito generado pone las cosas bastante complicadas a los de Ferraz.  A lo anterior se une la carencia de un liderazgo claro y bien definido durante los últimos años, que ha devenido en una serie de fracturas internas que hallan su máxima escenificación en los desencuentros entre Pedro Sánchez y Susana Díaz a lo largo del actual y el pasado año. Además del ejercicio de una autoridad ciertamente paralela encarnada, primero en Felipe González, luego en Zapatero, y más tarde, en el aún reciente Rubalcaba. Posturas las de estos, que en ocasiones han diferido de la línea oficial del partido, sobrepasando las simples declaraciones en uno u otro acto o mitin. Y llegando a concertar reuniones semi-ocultas con la oposición o programando viajes al extranjero con tintes de oficialidad (quién no recuerda la reunión de González y Zapatero con Pablo Iglesias, o del encuentro del segundo con Raúl Castro en Cuba). Cambiando de perspectiva, de un modo similar a lo que sucede con el PP, habría que sumar el lastre que suponen los numerosos casos de corrupción en todos los niveles de la formación, con el caso de los ERE de Andalucía como el más dificultoso.

Yendo hacia el terreno contrario, el de las fortalezas y oportunidades, encontramos la juventud y frescura de Pedro Sánchez. Un líder con cierto carisma, toda vez que guarda un físico atractivo que podría servir de aliado en las campañas de comunicación. No obstante, tan importante sino más que la forma, es el fondo. Por lo de pronto, atenuada la disputa con Susana Díaz, las aguas semejan más calmas para el secretario general. Otro punto favorable para los socialistas es la importante masa electoral que respalda a la formación, una cantidad de voto estable comicios tras comicios que, a pesar de la caída en picado vaticinada por las encuestas, servirá para mantener al partido en un puesto de relevancia dentro de la política nacional. Relacionado con esto, juega a favor del PSOE el hecho de poseer el mayor caladero de votos del país, o lo que es lo mismo, ser primera fuerza en Andalucía (sí, desde hace más de treinta años, EREs y demás corruptelas aparte). Y una vez más, guardando similitud con su antítesis popular, el contar con una amplia estructura de partido arraigada en todos los niveles territoriales, que resulta sin lugar a dudas, un factor clave.

Repasadas las dos fuerzas tradicionales que encarnan un bipartidismo puesto en jaque, pasaré a analizar lo más favorable y perjudicial que poseen Podemos y Ciudadanos; formaciones ambas de reciente irrupción y que han venido a cuestionar la perpetuación del actual sistema político. Comenzaré mi análisis con el partido de Pablo Iglesias.

De las debilidades de la formación de los círculos, quizás una de las más sonadas es la escasa concreción de sus posturas y propuestas (más de lo primero, que de lo segundo). Un ejercicio que se vislumbra planificado con detalle bajo el objetivo de acaparar el mayor número de votos posibles a lo largo del espectro político. No obstante, la falta de determinación podría volvérseles en contra una vez que sus eventuales apoyos reclamasen mayor precisión. De igual modo, pese a la pretensión de ofrecer una imagen de transversalidad, lo cierto es que Podemos se halla ubicado en la franja ideológica situada más hacia la izquierda, distanciada de lo que es el centro-izquierda (mejor representado por el PSOE). Siendo esta ubicación, la del centro/centro-izquierda, donde se sitúa la mayor parte del electorado español. Por lo tanto y en consecuencia, conocida la imposibilidad de mantener esa supuesta transversalidad y dado que el votante al fin y al cabo termina por darse cuenta y exigir una posición con la que identificarse, la formación de los círculos estaría perdiendo (o más bien dejando de ganar) una nada desdeñable cantidad de votos. Vuelve a ocurrir lo mismo con el discurso de tintes populistas que los de Pablo Iglesias han adoptado desde la campaña de las europeas. Por otra parte, Podemos parte de cara a los comicios con un listón muy alto, toda vez que no pueden permitirse fallar tras haberse situado como adalid contra la corrupción y la vieja política (desde ahora, “casta”). Sin embargo, ya han cometido los primeros errores: la declaración complementaria de Juan Carlos Monedero, el equívoco contrato universitario de Íñigo Errejón o la supuesta financiación del partido impulsada por regímenes como los de Venezuela e Irán son algunos de ellos. Supone la identificación con estos últimos países otro de los pesados lastres que superar. Internamente, la apuesta por la participación de los militantes en la toma de decisiones, articulada mediante el sistema de los círculos, podría redundar en un efecto paradójico. En el afán por democratizar, el exceso de procesos de elección interna puede conducir a fracturas en el momento de formar órganos de decisión o de elaborar candidaturas.

Una de las fortalezas que más apoyos ha brindado a la formación violeta ha sido su oratoria potente y rompedora, a la par que guarda la sencillez necesaria para ser rapidamente identificable. El uso de términos como “casta”, “ciudadanía”, “Régimen del 78” o “círculos” han calado hondo en la sociedad española, llegando a convertirse en fetiches para Pablo Iglesias y compañía. Este discurso rompedor se encuentra enmarcado dentro de una minuciosa estrategia de comunicación de la que han logrado sacar gran provecho. La combinación de amplios conocimientos en el campo de la Ciencia Política (buena parte de los miembros de la cúpula son doctores en la disciplina), unidos a la destreza en el manejo de medios de comunicación, resultan uno de los activos más valiosos para los violeta. Una continuada y llamativa presencia en redes sociales, pero también copando tertulias televisivas consigue centrar sobre ellos el foco de atención. En otro orden de las cosas, si bien es cierto que la pretendida transversalidad podría devenir en unos efectos perniciosos, por lo de pronto les ha permitido acaparar a gran parte del voto descontento y de rechazo al sistema. No nos podríamos tampoco olvidar de la figura de Pablo Iglesias, un líder avispado y carismático, además de perspicaz comunicador. Y por último, desde una visión general, el dificultoso contexto social, político y económico se articula como uno de los mejores aliados para Podemos.

Continuará…

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