La pandemia del Coronavirus ha llevado la polarización política a nuevas cotas que no habíamos esperado a principios de este año 2020. En EEUU, Allcott cita y estudia las aparentemente ya existentes diferencias partidistas e ideológicas a la hora de aplicar medidas de distancia social y de preocuparse por el virus, siendo los demócratas más obedientes y los republicanos menos obedientes. El auge de racismo hacia asiáticos, la división mediática y partidista, las teorías de la conspiración y conflictividad social ha roto aún más el ya desgastado tejido social en mitad de un año electoral

Young y Bleakley tienen un interesante estudio en el que desarrollan un “modelo de espirales ideológicas de la salud” que busca relacionar características individuales con políticas y sociológicas a la hora de adoptar comportamientos relacionados con la salud y sus instituciones. Estudian, con interesantes referencias y teorías como la de la identidad social de Tajfel y Turner, el modelo de espirales retroalimentadas de Slater, y el de Deaux y Martin de cómo las relaciones interpersonales contribuyen al desarrollo y mantenimiento de identidades sociales. Estudios como el de  Fowler y Gollust muestran el rol del razonamiento motivado y los sesgos de confirmación a la hora de crear opinión pública sobre asuntos sanitarios, su teoría se enfoca en cómo las motivaciones identitarias de los individuos interaccionan con un entorno mediático dividido y un contexto social interpersonal que crea discrepancias en la comunicación de experiencias que servirán de información para su participación en determinados comportamientos relacionados con lo sanitario a través de sus creencias.

En España se habla de “guerracivilismo” desde medios de diversos espectros ideológicos debido a las luchas políticas por la gestión de la pandemia. Similitudes están sucediendo en países que como el nuestro el número de contagiados y decesos sigue en aumento. Stavrakakis y Katsampekis junto con muchos otros autores han hecho un análisis del estado actual del populismo de 16 países (de los más afectados por la pandemia) llegando a ciertos descubrimientos respecto a la pandemia:

1. La pandemia no está “matando” al populismo

2. No todos los populistas han respondido igual a la pandemia

3. La ideología es un factor crucial

4. En muchos casos, entender las políticas de ciertos actores a través del enfoque del “populismo” puede ser inadecuado.

 5. Los “expertos” no son actores neutrales que salvarán la democracia liberal de “malos populistas”.

Considero que aún quedan muchas cosas por ver este año: las protestas en EEUU en mitad de un importante año electoral, la subsecuente crisis económica y política, junto con la social, abren la puerta a unos años complejos a nivel mundial y en España especialmente, dado que según el propio FMI será de las economías que más experimentarán un descenso de su PIB.

En definitiva, lo que se ha puesto de manifiesto es que las políticas populistas no han resultado útiles  para poder atajar en la manera de lo posible el avance del virus en los países occidentales. Muy probablemente nos encontremos en un entorno el cual sea necesario políticas y democracias liberales. ¿Qué gobierno cambiará el timón de su ideología para lograr ser eficiente contra la pandemia? El juego está servido.

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Adrian David Gonzalez Acuna
Nacido en Gran Canaria. Graduado en Economía en la ULL. Amante de la actualidad, de los mercados financieros y del debate político. Siempre dispuesto a escuchar y aprender.

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