La lista más votada o el encaje de las minorías

Alejandro Hermida: "El sistema parlamentario español cumple bastante bien sus premisas como modelo político al permitir una mayor y más diversa representatividad de expresiones políticas".

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[dropcap type=”2″]D[/dropcap]espués de las elecciones municipales del 24 de mayo, el pasado fin de semana se constituían finalmente los gobiernos al frente de los consistorios de toda España. Y si algo ha marcado especialmente la cita electoral de este año, esto ha sido los pactos de partidos. Alianzas y coaliciones de gobierno en algunos casos, o simples laissez-passer en otros, que bien podrían representar el tan anunciado fin del bipartidismo.

Centrándonos en el caso más significativo, el de las cincuenta capitales de provincia que componen el mapa territorial (obviando con ello el caso de alguna gran ciudad sin capitalidad), llamativo resultó el caso del PP con su amarga victoria. Pues pese a resultar la fuerza más votada en 35 de estas ciudades, tan sólo conseguiería formar gobierno en 19. Por otro lado, el PSOE experimenta justo el caso inverso al colocarse como la lista con mayor respaldo únicamente en 4 capitalidades pero terminar, pactos mediante, encabezando finalmente 17 consistorios.

¿Podríamos entonces afirmar que el Partido Popular es una formación infra-representada si atendemos únicamente a la relación votos obtenidos-formación de gobierno? ¿Y desde la misma perspectiva, es el PSOE un partido sobre-representado?

Para profundizar más en la tendencia he recogido los resultados electorales de ambas formaciones durante las últimas cuatro elecciones municipales celebradas (2003, 2007, 2011, 2015); al tiempo que cuáles fueron los gobiernos finalmente resultantes. Para simplificar el estudio, nos centramos en las dos grandes fuerzas del bipartidismo dentro los casos concretos de las 50 capitales de provincia españolas.

Capitales_provincia

Después de observar el gráfico, veréis como ya a partir de 2007 los populares han marcado una tendencia electoral por la que se convierten en la lista más votada comicios tras comicios. Pero no obstante, paradójicamente los gobiernos que consiguen formar en estas ciudades se encuentran bastante por debajo.

Así por ejemplo, en el año 2007 resultan vencedores en 32 capitales, pero forman gobierno en 22; esto es, en diez ciudades menos cuyos electorados apoyaron al PP mayoritariamente. En 2011, pese a alcanzar su mejor resultado histórico y conseguir el poder en 34 capitales de provincia, lo cierto es que serían lista más votada en 40 ciudades. Y de modo similar este mismo 2015, cuando obtuvieron mayorías en 35 capitalidades y tan sólo forman consistorios en 19.

Justo lo contrario se nos muestra la tendencia marcada por el Partido Socialista. En los comicios de 2003 y 2007 tendrían el respaldo mayoritario en 13 y 15 capitales de provincia, respectivamente. Sin embargo, terminarían formando gobierno en 16 y 23 ciudades; unas cifras bastante por encima que acercaban algo sobre una hipotética sobre-representación.

Pero el comportamiento resulta más llamativo aún a partir de las elecciones de 2011, e incluso en las de este mismo año 2015. En las primeras, el PSOE sería la lista más votada sólo en 5 capitalidades, para luego terminar conformando los consistorios de 8 urbes. El reciente 24-M describe una situación más aumentada si cabe; pues son fuerza mayoritaria en 4 capitales de provincia, pero forman gobierno nada menos que en trece ciudades más, es decir, 17 capitales.

A la luz de los anteriores datos, podemos deducir que el sistema parlamentario español cumple bastante bien sus premisas como modelo político al permitir una mayor y más diversa representatividad de expresiones políticas; precisamente gracias a la posibilidad de dar encaje a pactos y coaliciones de gobierno. Pero también inferimos que una modificación del sistema electoral mediante la cual fuesen las propias listas más votadas las que formasen gobierno, beneficiaría especialmente al Partido Popular. Y quizás por ello han sido los más interesados en emprender reformas en esta línea.

Aquí reside entonces el debate: bien respetar el designio de las grandes mayorías, bien dar encaje a la representación de las dispares minorías.