Siempre Andalucía

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[dropcap]E[/dropcap]l gobierno más conservador del panorama español no es tradicionalista, democristiano o liberal; rasgos estos siempre vinculados a la derecha. El gobierno más conservador del país, es de izquierdas, de la rancia izquierda. Esa que lleva perpetuada en el poder desde los albores de la transición y cada cuatro años, cuando no menos, repite una y otra vez volviendo a ser refrendada. Es esto el gobierno andaluz, otrora de Chaves y Griñán, hoy de la varonesa Susana Díaz; electos cómo no, democráticamente. Parecería entonces un ejercicio de continuada autoflagelación colectiva de la superior de la ciudadanía, un patológico y crónico gusto por lo sádico. Sí, pero no.

Serviría el argumento para dar explicación a la repetitiva dinámica, sería útil para quiénes se conformasen con la superficialidad de la perspectiva. Pero lo descrito en el sur, precisa de un análisis más profundo y complejo. Requiere dar cabida a hipótesis que incluyan toda una serie de incentivos y motivaciones diversas que no actúan sino, de engranajes del sistema. Variables, condiciones suficientes y necesarias. Mal que pese a muchos, la gente es más (mucho más) racional de lo que parece.

Tampoco acertarán aquellos que sostengan que la dinámica meridional escapa a la lógica demoscópica. O que cualquier análisis racional de la situación se torna muy complejo, por no decir imposible. Pese a que la realidad abofetea duramente con un tercio de desempleo, los millones defraudados en cursillos de formación o el parasitismo sindical. Y a pesar también de los históricos líderes imputados, de la corruptelas explícitas e implícitas y de las pocas, o más bien inexistentes, previsiones de cambio. Cómo lograr explicar los andaluces, que no todos pero si la mayoría (electoral), mantienen una profesa fe ciega, inmutable. Inalterable más allá de un estrecho margen transformable en cada sufragio, todo lo lejos de la volatilidad intrínseca de otros lugares.

A poco que nos esforcemos en mirar más allá, por atravesar lo superficial para indagar en lo profundo, iniciarán su encaje las piezas. Imperarán entonces razón y lógica. Y surgirá una retahíla de cuestiones que bien podría dar pie al más sesudo de los estudios… ¿Por qué acontece repetitivamente tal situación en Andalucía y no en otros lugares? ¿Cuál será la causa de la perpetuación socialista? ¿Cuán grande será la influencia de la cultura y el carácter de sus gentes? ¿Cómo no es posible, año tras año, comicios tras comicios, encumbrar un cambio? ¿Acaso será tan mala la estrategia del PSOE o sólo es lo que parece?

Más artificiosas si cabe, otras hipótesis tendrían cabida… ¿No podría ser que se reproduce aquí todo un sistema de incentivos que motiva la perseverancia del voto? ¿No es entonces probable que los socialistas sean quiénes mejor “compran” los votos? ¿Y dado lo anterior, se habrá impuesto desde los inicios de la democracia un sistema caciquil?

Las necesarias respuestas a estas y demás cuestiones bien podrían propiciar perversas elucubraciones; poco más que vagas suposiciones sin sostén. En todo caso, la evidencia empírica y la contrastación con la realidad se volverían indispensables. Más ciencia y menos literatura. Una explicación razonable y razonada, una nueva “Teoría de Andalucía” para desmontar las afirmaciones de Ortega y Gasset, genio ilustre pese a todo. Indagaba el filósofo en la cultura y perspectivas vitales del andaluz, suscribía para la posteridad líneas como estas:

“Vive el andaluz en una tierra grasa, ubérrima, que con un mínimo esfuerzo da espléndidos frutos. Pero, además, el clima es tan suave, que el hombre necesita muy poco de esos frutos: como la planta, sólo en parte se nutre de la tierra, y recibe el resto del aire cálido y la luz benéfica (…). En vez de esforzarse para vivir, vive para no esforzarse, hace de la evitación del esfuerzo principio de su existencia” (…). Mientras creamos haberlo dicho todo cuando acusamos al andaluz de holgazanería, seremos indignos de penetrar el sutil misterio de su alma y cultura. El andaluz lleva unos cuatro mil años de holgazán y no le va mal. La paradoja que necesita meditar el que pretende comprender a Andalucía es la pereza como ideal y como estilo de cultura. Antes que vicio y defecto, la pereza es nada menos que su ideal de existencia. Si sustituimos el vocablo ‘pereza’ por su equivalente ‘mínimo esfuerzo’, la idea no varía y cobra aspecto más respetable.”

Desde luego no seré yo quien cuestione las afirmaciones de Ortega, todo lo más lejos de esto. Y no por ganas, sino por falta de bagaje, saber y experiencia. En todo caso, la cultura y sólo la cultura cómo causa, no es suficiente. El atacado, la víctima: el andaluz, sí puede y debería ofrecer argumento en contra. Serán, bien es seguro, incapaces las palabras; se requerirá pues de hechos y obras. Actos y acciones, evidencia empírica. Otra vez.

De la mano de ese afanoso andaluz queda desmontar la paradoja, contratacar la pereza como ideal y estilo, la vagancia como modo de vida. Rechazar la holgazanería, responder a la suposición del mínimo esfuerzo. Desdecir las presunciones orteguianas, dar luz a la nueva “Teoría de Andalucía”. Reinventarse, al fin y al cabo. Predisponer el cambio.

Más oportunidades llegarán, cuatrienio que hoy se inicia mediante. Entre tanto, tal vez quién sabe, la propia Susana deviene en esa imperiosa bocanada de aire fresco. Andalucía y España, se mantienen expectantes.

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