Quiero aprovechar la relativa proximidad de las elecciones generales para hacer una crítica constructiva sobre los defectos que caracterizan a la derecha política española.

En primer lugar, quiero hacer énfasis en el acomplejamiento, en el miedo a ser partícipes de la batalla de las ideas así como a presentar proyectos alternativos contra la izquierda. No se trata de una referencia exclusiva al Partido Popular ni a Mariano Rajoy.

Por ejemplo, si mañana se organizare una manifestación por la unidad de España o por el derecho a vivir en la Plaza Mayor de Cáceres, ciudad pequeña con bastante electorado de centro-derecha, no se lograría la tasa de asistencia equiparable con la de una convocatoria de protesta contra ciertos recortes de gasto público. El de derechas prefiere callarse no meterse en historias mientras que el de izquierdas no cesará en la defensa de sus principios ni tenderá a temer un etiquetado político.

Por culpa de esos complejos, en muchos casos, la comunicación -aspecto que evaluaremos en el próximo punto- de la derecha es aventajada considerablemente por la de la izquierda. También dificulta esa carencia de valentía el disfrute de una oportunidad electoral a las alternativas de cambio que se presentan en algunos feudos socialistas.

También hay miedo a definirse como de derechas, incluso como conservador. El Partido Popular se define en sus estatutos, desde tiempos anteriores a la deriva centro-izquierdista del actual sector, como un partido de centro a secas. No aparecen, si no me equivoco, las palabras liberal, conservador y centro-derecha. Incluso algunos liberales-conservadores o conservadores liberales prefieren definirse como liberales. Parece ser que está sembrada la creencia de que el conservadurismo político, una ideología que defiende la unidad nacional, el orden político-moral, las tradiciones y los valores de los países, ha pasado a ser algo obsoleto, cuando en otros países mucho más avanzados, ciertos principios de los conservadores españoles son compartidos por los liberales y por parte de la socialdemocracia. Ni la defensa de la vida sin excepciones se ha librado de ser considerada por algunos como un rol de Estados intervencionistas y una idea liberticida y retrógrada.

 Debemos desenmascarar los mitos de la izquierda y utilizar argumentos correctos sin acobardarse. No hay que acobardarse a la hora de repudiar el comunismo y el socialismo. Empero, quien crea en ellas no debe perder el respeto. Respetar el pensamiento de cada uno es un deber moral. Pero no por ello, hay que abstenerse de criticar hasta la saciedad unas ideologías que han arrebatado libertades además de lastrar las economías de los territorios afectados y dejar millones de muertos.

No hay que echarse para atrás a la hora de defender principios de los que, en España, la izquierda se ha apoderado: el ateísmo, la defensa de las libertades sexuales y el republicanismo. Hay que quedarle claro a la izquierda que esos principios no son suyos. Ergo, del mismo modo, aclarémosle que ciertos conceptos como, por ejemplo, el patriotismo español, no son de la izquierda.

 En segundo lugar, quiero abordar lo relacionado con la comunicación política.

Mientras que la izquierda política logra ganarse ciertas tertulias y sabe escenificar muy bien aquello de lo que habla, esto es, con una capacidad bastante buena para persuadir a la gente, a no ser que opongas resistencia a creerte sus historias, pues los de derechas, salvo ciertas excepciones, no logra hacer llegar a los oídos de la audiencia un argumentario enriquecido, sólido.

Esto, en ciertos casos, puede ser debido a ese acomplejamiento criticado previamente en unos cuantos de párrafos, pero adicionalmente, quizá debido a una falta de picaresca política o de poca preocupación por la calidad. La derecha debe aletargarse menos, proceso que les hace requerir de argumentarios con puntos clave, cum grano salis en el sentido de que no se necesita incurrir en formas altamente imprudentes, sino de saber explicar.

La izquierda tiende a rebatir con claridad, incluso recurrir en ciertas ocasiones a tiempos pasados y dar más bombo mediático a todos los errores de la derecha. Por ejemplo, los casos de corrupción andaluz de los EREs y de FEVAL no han sido tan sonados como, por ejemplo, el Caso Gürtel o los viajes que el expresidente de la Junta de Extremadura, José Antonio Monago, costeó con cargo al Senado. No se trata de que no se critique la corrupción de la derecha, ya que esas críticas son muy acertadas, sino de que dejen de quedar como los peores de la política española cuando en la izquierda también se han cometido muchos errores. Que en las listas de trending topics de Twitter no solo aparezcan términos relacionados con el sector derecha, sino también con el sector izquierda. No nos acomplejemos pero tampoco desarrollemos cierta maldad política, sino saber decir las cosas claras, con suficiente habilidad para evitar una mera dinámica del “y tú más”.

Una vez efectuadas las críticas sobre los principales aspectos, quisiera hacer una pequeña analítica sobre cierta pasividad que observo con respecto al de izquierdas. Esta pasividad atiende a la estrategia de organización política así como a ciertas reacciones electorales.

La derecha sociológica tiende a abstenerse en las citas electorales, más aún cuando se trata de citas menos relevantes por determinados motivos, no siendo necesariamente el hartazgo con la clase política. Mientras, la izquierda ha contribuye electoralmente con empeño para que gobiernen aquellos que defienden sus principios; se preocupa más. Muchas veces, el de derechas no se preocupa tanto en cuanto a lo que podría suponer su ejercicio abstencionista.

En cuanto a la estrategia de organización política, vuelve a salir ganando la izquierda. Por ejemplo, aquellos que se sienten decepcionados con el PSOE, rápidamente han mudado su apoyo, su voto hacia otros partidos políticos de izquierdas como, por ejemplo, Podemos, Izquierda Unida, UPyD y, en menor medida, Ciudadanos, hasta entonces con más probabilidades estimadas de apoyo al PP en caso de no obtener mayorías absolutas.

Mientras, la derecha, en amplia proporción decepcionada con el actual PP, desviado de su originario ideario liberal-conservador, permitió aflorar opciones políticas como VOX, partido político fundado en enero de 2014. Empero, VOX no es a día de hoy un partido importante, sino cuasi desaparecido. No es cuestión de discutir extrínsecamente si VOX ha sabido hacerlo bien o no a la hora de comunicar. Sino de comentar dos cosas: que la derecha no ha sabido aprovechar bien esas diversas alternativas a la izquierdas así como que la derecha descontenta con el PP, podría haber pensado en el voto útil o dar más apoyos a Ciudadanos (si creían que votar a VOX era, en comicios posteriores a las elecciones europeas del año pasado, tirar el voto), que a pesar de no ser de derechas, intenta hacer guiños a ambos lados del centro.

La abstención ha sido la culpable de que muchas grandes ciudades de España, entre ellas Madrid, hayan caído en manos de la izquierda radical. Que el PSOE haya tenido su culpa dándoles apoyo de investidura es un asunto aparte con respecto a este artículo. La izquierda siempre ha sabido movilizarse mejor en todos los planos, para evitar favorecer a la derecha.

Antes de terminar, quiero remarcar que no se trata única y simplemente de dejar paso a Esperanza Aguirre, líder ejemplar de la derecha liberal-conservadora española, sino de aprender los demás la lección. Sino de que en general, se mejore la estrategia en sí. No hay que acomplejarse a la hora de defender los principios del centro-derecha. Hay que seguir insistiendo en hacer entender a la izquierda que esos principios nada tienen que ver con el fascismo, ideología que en realidad es más próxima al socialismo.

En conclusión, no se trata de ser menos imprudente ni más maligno políticamente, ni siquiera incurrir en la violencia, sino de saber movilizar a las masas para que crezca el apoyo a nuestros principios; pero siempre con pacifismo y respeto. También debemos ser muy inteligentes en los próximos comicios, para evitar un Frente Popular del siglo XXI.

 


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