[dropcap type=”2″]Y[/dropcap] no creo que falte mucho. Grecia está en una situación complicada, con difícil salida, puesto que todos los caminos suponen un sufrimiento para sus ciudadanos. En mayor o menor medida, pero van a sufrir.

Pero, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Por primera vez las probabilidades de que un país salga del Euro son tan elevadas como el azar rige: 50/50. Y es que la inseguridad hacia el estado griego está en su máxima, desde el primer rescate. Y la continuidad de la Unión Europea, en entredicho. Ya no hablamos de mantener o no al país en el euro, si no que otros socios europeos están planteándose sus relaciones con la Unión monetaria, y por extensión con la Unión Europea.

Pero no, no estamos ante una fractura. Demasiado hemos caminado juntos. Estamos ante un temblor en los cimientos, dado que se construyeron demasiado frágiles. Los acuerdos solo en materia de capitales y movilidad transnacional no implican un efecto beneficioso completo si no se ha dado una unificación fiscal. Y ahora estamos sufriendo las consecuencias.

De todos modos, opiniones a parte, Grecia lo tiene crudo. Un déficit gubernamental insostenible soportado durante años a base de préstamos en condiciones favorables tan solo por pertenecer a la UE, como si por ello fuésemos un club al que las crisis no le afectasen. Una nueva estructuración del gasto de Grecia, basada en la reducción de partidas en componentes sociales, principal gasto del país heleno es necesaria. Pero, ¿es el momento? ¿Debemos ahogar una economía que comenzaba a crecer levemente?

Si vemos los datos de Grecia con las diferencias agregadas entre ingresos y gastos públicos, efectivamente comprobamos el grandísimo problema.

Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat (2015)
Fuente: Elaboración propia a partir de Eurostat (2015)

Una diferencia brutal que no tiene una tendencia descendente, si no que parece que se mantiene estructuralmente. Sobre todo teniendo en cuenta una deuda acumulada del 175% del PIB para 2013.

Una situación insostenible donde las haya, y paradigmática de cómo pudieron mantener este gasto durante tanto tiempo sin que la Unión Europea pusiese una pega, incluso antes de venir la crisis.

Efectivamente, Grecia no puede echar la culpa a otro. Sus políticas de gasto han encadenado unos sucesos que para nada son dignos de ninguna unión seria. Pero tampoco sometamos al país a condiciones ahogantes. A caso, el borrón y cuenta nueva, ¿no podría ser aplicable? Al fin y al cabo, la colaboración entre países debe ser el dogma de la UE.

Y la tragedia griega, dejémosla para los teatros. Hasta Zeus tendrá que vender sus rayos.

 

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