El partido liberal no existe

0
232

 

Siempre me ha llamado la atención cómo se relacionan los llamados intelectuales con la política, y no digamos si muchos de esos intelectuales son padres fundadores de un partido, como con Ciudadanos. Viene al caso por la alegría de Almeida porque Vargas Llosa haya dicho que va a votar al PP porque el partido liberal “ya no existe”. Pero siendo exigentes con el pensador peruano nunca ha existido en nuestro país un partido como tal. Otra cosa es que algunos de los existentes- ayer el PP, hoy Ciudadanos- digan que son liberales, pero al menos en España esta opción sigue siendo una marca demasiado difusa que muy pocos votantes alcanzan a identificar, no digamos ya a entender. Lo peor, con todo, ha sido la manipulación y el escándalo fingido porque Mario pidió a la gente que aprendiese a votar bien, porque cuando se vota “mal” se acaban pagando las consecuencias.

En primer lugar, es evidente que el gran intelectual se lio un poco con el mensaje que deseaba transmitir, algo propio de la edad, que no pasa en vano ni para las mentes más brillantes. Y, en segundo lugar, es que si somos honestos reconoceremos que este mensaje de la gente que no vota bien, o que vota mal, es algo que ha estado presente en casi todos los discursos de la izquierda cuando se enfrentaba a elecciones que tenía perdidas- como en Madrid- o del propio Ciudadanos-liberal que sigue empeñado en recordarnos cada día que son un partido demasiado bueno para el paladar democrático poco refinado del actual votante español.

Creo que llevo afiliado a Ciudadanos desde hace 2 años, aproximadamente. En todo este tiempo no he hecho nada de vida orgánica y apenas he participado en sus campañas electorales. Pero si me afilié y sigo afiliado es porque creo que representa una idea de España, un proyecto político, absolutamente necesario e imprescindible para la recuperación de nuestro país como lugar común y garante del futuro. He sido tan disciplinado, en ese sentido, que hasta voté a Aguado después de ver un video suyo donde hacía algo parecido a bailar en una discoteca. La realidad, no obstante, es que todos los fracasos de Ciudadanos tienen ciertas explicaciones que empiezan en ese mal endémico que afecta a todos los partidos en nuestro sistema y que podríamos calificar como patriotismo de partido. Lo que sucede es que se muestra más virulento cuanto más pequeño se vaya haciendo un partido y más amenazada se vea su supervivencia institucional. Si, además, ese partido no tiene una historia de prevalencia tan larga y sólida como el PSOE, la posibilidad de irrelevancia y desaparición no es ninguna locura. Y Ciudadanos se encamina a ello.

Cuando escucho a muchos notables y activistas de Ciudadanos repetir ese mantra de que cuántas veces les han dado por muertos y siguen vivos, me pregunto si, honestamente, estas personas no se dan cuenta de que esta vez la parca electoral sí que está llamando a la puerta. Al final, todo se reduce a que la élite responsable de los sonoros fracasos de los últimos años en las urnas sigue intacta y sin asumir ni una sola responsabilidad. Si Casado ha montado todo este congreso itinerante, al estilo de los cabarets más arrabaleros, para creerse que es el líder de su partido y de su país, Arrimadas y agradaores varios organizaron la convención ciudadana para distraer a los afiliados con artificios patrocinados por Pedro J y vender una especie de refundación del partido que rompería todos los lazos con ese pasado tan oscuro llamado Albert Rivera. Así, en cuestión de semanas, Ciudadanos pasó de ser el “centro centrado moderado evangelizador” de Edmundo Bal, al partido liberal de España. ¿Qué diferencias hay entre el centro y el liberalismo? Una muy importante: que lo segundo sí existe, lo primero no. Pero en cuanto a caras, mensajes y rumbo político, en nuestro caso ninguna.

Hace un par de días vi a muchos tuiteros de Ciudadanos profundamente indignados porque Albert Rivera había apoyado la oficina del español creada en Madrid para Toni Cantó. Esto, sencillamente, aparece como una traición insoportable y abre la veda para los últimos insultos y descalificaciones, las más radicales, a su ex presidente. Eso unido a que incluso se pide la vuelta de alguien tan mediocre como sí verdaderamente traicionero como lo fue Toni Roldán para Ciudadanos. Aquí es donde encontramos el motivo que llevará al partido liberal a que haga real la profecía de no existencia de Vargas Llosa: esa sensación de superioridad moral y democrática que emana en el discurso oficial del partido desde que presentó a Edmundo Bal hasta nuestros días. Si a un discurso equivocado, como ofensivo para mucha gente, le unes la falta absoluta de olfato político, que Cs logre recuperarse sería más milagroso que Casado llegase a la Moncloa por méritos propios y carisma. Que sí, que España necesita un partido liberal fuerte, pero el liberalismo como fórmula mágica no salvará a Ciudadanos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, deja tu comentario
Por favor, introduce tu nombre aquí