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Hace un siglo surgió en Madrid un espacio creado por y para mujeres que buscaban aprender, organizarse y participar de la vida pública en condiciones distintas a las que les ofrecía la sociedad de entonces. El Lyceum Club Femenino —fundado en 1926 y disuelto tras la Guerra Civil en 1939— dejó huellas visibles en la cultura, la educación y las reivindicaciones civiles y hoy su memoria vuelve a ocupar la agenda pública con motivo de su centenario.
Un refugio frente a la exclusión masculina
El club nació como respuesta a la falta de acceso de las mujeres a los principales foros de la época: casinos, cafés y cenas públicas estaban diseñados para hombres. Profesionales, artistas, docentes y juristas impulsaron un lugar propio donde intercambiar ideas, coordinar proyectos y formarse.
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Detrás de la iniciativa estuvieron figuras clave como María de Maeztu, y otras educadoras y activistas que plantearon el Lyceum como un espacio de encuentro interclasista e ideológicamente diverso. Su objetivo no era sólo socializar, sino promover la autonomía femenina y facilitar la participación pública de las mujeres.
Activismo cultural y obra social
Desde su primer acto —una muestra de pintura y escultura organizada en la sede madrileña— el Lyceum multiplicó su agenda: conferencias, ciclos literarios, premios y proyectos comunitarios que alcanzaron a miles de personas.
En menos de una década, el club registró más de seiscientas actividades y convirtió iniciativas concretas en logros tangibles para la ciudad:
- Casa de los Niños: un centro gratuito en el entorno de Tetuán que ofrecía cuidado, alimentación, educación y atención sanitaria a menores de trabajadoras.
- Bibliotecas itinerantes y proyectos de fomento lector, impulsados por socias interesadas en la biblioteconomía.
- Programas de apoyo a personas con discapacidad visual mediante la traducción al braille y alfabetización.
- Debates y campañas sobre reformas civiles, entre ellas la lucha contra las atenuantes legales del llamado “uxoricidio” y la discusión pública sobre el divorcio.
Respuesta pública y campaña de estigmatización
La visibilidad del Lyceum provocó una reacción conservadora en prensa y en sectores eclesiásticos. Se tejieron acusaciones sobre “extranjerización” y se difundieron rumores sobre las costumbres de las socias con intención de deslegitimar su trabajo.
La institución también enfrentó presiones directas: muchas mujeres católicas recibieron instrucciones para desvincularse del club y hubo campañas que asociaban a las socias con prácticas supuestamente inmorales. A pesar de ello, la organización mantuvo y amplió su base: el número de asociadas pasó de alrededor de un centenar a más de medio millar en pocos años.
Entre la cultura y la política
El Lyceum fue un punto de referencia cultural: acogió a escritores y dramaturgos, y en 1934 recibió a Jacinto Benavente, quien finalmente ofreció una conferencia y presentó poemas ante las socias —un episodio que desmonta relatos simplificados sobre un supuesto rechazo del autor al club.
Asimismo, el club reconoció a autores emergentes: uno de sus primeros galardones literarios premió a un joven Gabriel Celaya, entonces aún conocido por su nombre de registro, y alumno de la Residencia de Estudiantes.
Borrado institucional y rescate contemporáneo
Tras la guerra, la sede y el legado del Lyceum quedaron sometidos a otras prioridades políticas y parte de su archivo se perdió o quedó disperso. El desinterés deliberado por sus integrantes —mujeres en su mayoría progresistas— contribuyó al olvido hasta que, en las últimas décadas, el interés por la memoria histórica y los estudios de género impulsó su recuperación.
Investigadoras como Rocío González Naranjo y Carmen de la Guardia han puesto en valor la dimensión colectiva del Lyceum: no sólo actividades aisladas, sino una conciencia organizativa orientada al empoderamiento y la acción social.
Centenario: recuperar y someter a examen
El Ministerio de Cultura y otras instituciones han programado actividades para conmemorar los cien años del Lyceum. La iniciativa busca reconstruir trayectorias personales, abrir archivos familiares y analizar el impacto social de la asociación desde una perspectiva feminista e historiográfica.
Entre las actividades anunciadas figuran mesas redondas, ciclos biográficos, proyecciones, proyectos artísticos contemporáneos y una exposición que se inaugurará en septiembre en la antigua Residencia de Señoritas, hoy Fundación Ortega-Marañón.
- Qué se revisará: origen y estructura del club, biografías de sus socias, iniciativas educativas y culturales.
- Cómo se investigará: epistolarios, archivos familiares, encuentros con descendientes y trabajo colaborativo entre instituciones.
- Programación prevista: conferencias, clubes de lectura, conciertos, ciclos de cine y actividades educativas.
El centenario no es sólo una conmemoración: es una oportunidad para poner en perspectiva el debate sobre espacios de mujeres, memoria histórica y derechos civiles. Recuperar la historia del Lyceum permite entender mejor las raíces de reivindicaciones que siguen vivas hoy.












