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La anguila europea volvió esta semana al centro del debate público después de que las comunidades forales rechazaran la tercera propuesta del Gobierno para prohibir su pesca y la de sus crías, las angulas. La decisión no es solo administrativa: determinará si España asume medidas inmediatas para intentar frenar la caída de una especie catalogada como críticamente amenazada.
Un declive que sigue en la sombra
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La anguila lleva décadas perdiendo terreno. Desde los años 80 su población se ha hundido alrededor de un 90%, un retroceso acelerado coincidente con la expansión global del consumo de este recurso alimentario.
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la declara en peligro crítico desde 2008, un nivel de riesgo superior al de especies que suelen recibir más atención mediática. Científicos advierten que, por su biología y por la intensidad de la pesca, la recuperación es complicada si no se actúa ya.
Un ciclo vital único y vulnerable
La anguila europea nace en el mar de los Sargazos, en el Atlántico occidental. Sus larvas atraviesan miles de kilómetros impulsadas por corrientes, tardan hasta dos años en llegar a las costas europeas y necesitan entre 11 y 13 años para completar su ciclo y regresar a desovar.
Ese ritmo largo explica por qué los científicos temen una posible extinción funcional: aún quedando ejemplares, puede no haber suficientes individuos para mantener el ciclo reproductor y asegurar futuras generaciones. Solo cuando falten las nuevas larvas se podrá confirmar, quizá años más tarde, si la población está efectivamente agotada.
“Si la explotación continúa, la especie no podrá recuperarse”, resume uno de los especialistas consultados por medios científicos en España.
Lo ocurrido en la reunión: freno y aplazamiento
La votación reciente bloqueó la incorporación de la anguila al catálogo de especies protegidas en España. Algunas comunidades argumentaron que imponer medidas a nivel nacional tendría un impacto limitado mientras otros países —como Francia o Portugal— sigan pescando y comerciando la especie.
Otras comunidades pidieron más datos y se acordó crear un grupo técnico para analizar tendencias poblacionales antes de adoptar una decisión definitiva. El Ministerio de Transición Ecológica anunció que presentará un nuevo intento legislativo próximamente.
Argumentos en pugna
- Postura de las comunidades contrarias: sostienen que las medidas deberían coordinarse a escala europea, alertan sobre el impacto socioeconómico en pescadores locales y piden datos adicionales.
- Posición científica y del Gobierno: organismos asesores como el ICES recomiendan desde 2021 cero capturas, y evaluaciones nacionales recientes confirman el estado crítico de la especie.
- Sector pesquero: admite que la anguila supone solo una parte de su actividad, pero reclama proporcionalidad en las medidas y recuerda regulaciones ya vigentes.
Quiénes están en cada lado
En favor de la prohibición se encuentran científicos, el Ministerio y figuras de la gastronomía —con iniciativas como la campaña impulsada por varios chefs para pedir el fin de la pesca de angulas—. En contra votaron comunidades con tradición pesquera de angula/anguila: Galicia, Asturias, Cantabria, Murcia, Comunidad Valenciana y Baleares, entre otras posiciones de matiz.
El sector pesquero recuerda que la pesca de angula está fuertemente regulada: en España existen vedas temporales, moratorias regionales y la pesca recreativa está prohibida en la UE desde 2023. Aun así, el valor comercial es alto: las angulas alcanzan precios de mercado de entre 600 y 700 euros el kilo, y la cadena asociada mueve centenares de millones al año.
Qué dice la ciencia y qué implicaciones tiene
Los estudios citados por agencias europeas muestran que la especie ya se encuentra fuera de sus límites biológicos seguros. Para muchos científicos, dejar de pescar hoy es la medida más eficaz a corto plazo para evitar un colapso irreversible.
El argumento de que una regulación nacional es insuficiente es cierto en parte: la recuperación exige coordinación internacional. Pero los expertos señalan que la inacción local no puede sustituir a la responsabilidad política: legislar ahora también sirve para exigir medidas coherentes en el resto de su área de distribución.
Consecuencias prácticas para la pesca y la economía local
Estos son algunos efectos directos y riesgos si no cambian las políticas:
- Continuará la reducción de capturas y la presión sobre los caladeros.
- Las restricciones futuras podrían llegar de forma repentina y afectar a quienes complementan sus ingresos con la angula.
- La falta de decisión nacional dificulta la negociación internacional para una veda amplia y coordinada.
¿Qué puede esperar el lector?
En los próximos meses el debate seguirá. El Gobierno anunció un nuevo intento legislativo y se formalizará un grupo técnico para analizar datos. La clave será si España presiona en la UE por medidas conjuntas o actúa unilateralmente para frenar la pesca doméstica.
La decisión tendrá un doble efecto: ambiental, por la posibilidad real de evitar la pérdida de una especie con un ciclo vital extraordinario; y social, por el impacto en comunidades pesqueras y en una industria de alto valor económico. En juego no está solo la anguila, sino la capacidad de gestionar recursos marinos en un contexto cada vez más restrictivo y exigente.












