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En La Guaira, la geografía marcó la línea entre la vida y la catástrofe después del doble sismo del 24 de junio: mientras algunas casas sobre roca quedaron en pie, amplias franjas costeras quedaron reducidas a escombros. La manera en que estaba construido el terreno —y no solo la magnitud del temblor— define hoy la urgencia y el costo de la reconstrucción.
Mayra Hinojosa, vecina de San Julián en Caraballeda, recuerda que su vivienda resistió porque está asentada sobre roca sólida; sin embargo, bajó a la costa para buscar entre los restos de edificios arrasados a familiares desaparecidos. Su caso ilustra la disparidad de daños que se extiende a lo largo de la franja litoral de La Guaira.
Daños concentrados en litorales de sedimento
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El estado costero, que se extiende unos 70 km, concentra la destrucción principalmente en dos municipios: Caraballeda y Catia La Mar. Allí, muchas construcciones quedaron pulverizadas; en otras zonas de la misma región, las viviendas apenas sufrieron daños.
Expertos señalan que la diferencia radical en el impacto está ligada al tipo de suelo. Zonas edificadas sobre materiales transportados por ríos y barrancos —los denominados abanicos aluviales— presentan un riesgo mayor, porque la arena y los sedimentos retienen agua y se comportan de forma inestable bajo sacudidas intensas.
Según reportes oficiales, los seísmos han dejado hasta ahora 3.811 muertos y 16.740 heridos; 856 edificios resultaron afectados y 190 se derrumbaron totalmente. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima pérdidas materiales directas por unos 37.000 millones de dólares, con cerca de 24.000 millones atribuibles a daños en edificaciones.
Cómo fallaron distintos tipos de cimentación
El geólogo Feliciano de Santis, que recorrió las áreas golpeadas, explica que la acción de las ondas sísmicas sobre capas sueltas pudo provocar licuación: la arena, saturada de agua, pierde cohesión y pasa a comportarse como un fluido. Cuando eso ocurre, los cimientos pierden sostén.
En la práctica, los edificios con losas de cimentación se encontraron sin apoyo y llegaron a volcar; las estructuras apoyadas en pilotes no siempre alcanzaron la profundidad necesaria, por lo que se produjeron colapsos en forma de “panqueca”, con entrepisos apilados unos sobre otros.
- Asentamiento sobre roca: resistencia notable; menos daños estructurales.
- Suelo arenoso y saturado: alto riesgo de licuación y colapso.
- Losas superficiales: vulnerables al perder contacto con el terreno.
- Pilotes poco profundos: protección insuficiente frente a suelos inestables.
Decisiones económicas y urbanísticas en juego
Además del desafío técnico, De Santis plantea que La Guaira afronta una decisión estratégica sobre su modelo de desarrollo: optar por un crecimiento vertical y turístico de alto impacto —con las inversiones geotécnicas que eso exige— o redefinir el litoral hacia un diseño más discreto y orientado al uso local.
“Si se pretende levantar torres y mega-hoteles será necesario invertir fuertemente en cimientos profundos y otras medidas costosas; la alternativa es un replanteamiento minimalista del uso del territorio”, resumió el especialista.
Plan gubernamental y recursos
El Ejecutivo, en manos de la presidenta interina Delcy Rodríguez, presentó el plan Venezuela Renace para la reconstrucción, que prevé movilizar técnicos y levantar viviendas y edificios dañados. Se anunció igualmente un fondo de 200 millones de dólares gestionado por el FMI para tareas inmediatas y la solicitud de liberar alrededor de 9.000 millones de dólares en activos congelados en el extranjero para financiar la recuperación.
El Gobierno cifra en 856 las construcciones afectadas y 190 las demoliciones totales; mientras tanto, las cifras del PNUD apuntan a la magnitud financiera del reto: miles de millones para restaurar infraestructuras y viviendas.
Lecciones no aprendidas: la sombra de la Tragedia de Vargas
Las áreas más golpeadas por los seísmos coinciden en parte con las que en 1999 sufrieron el devastador alud conocido como la Tragedia de Vargas, cuando lluvias torrenciales y deslizamientos dejaron alrededor de 30.000 muertos. Sedimentos arrastrados entonces no fueron completamente removidos antes de nuevas edificaciones; hoy esos depósitos contribuyen a la vulnerabilidad.
Operarios ya trabajan en limpiar y remover arenas de quebradas como la de San Julián, un cauce que históricamente ha llevado lodos y rocas desde la cordillera hasta la costa. El debate ahora incluye si se debe volver a ocupar esas franjas o convertirlas en zonas de protección y recreo.
Medidas clave para la reconstrucción
- Evaluación geotécnica detallada de cada parcela antes de autorizar obras.
- Priorizar cimentaciones profundas donde exista vocación de alto aprovechamiento urbanístico.
- Implementar técnicas de remediación geotécnica (densificación de suelos) en terrenos arenosos.
- Reubicar ocupaciones en áreas con peligro recurrente, y crear corredores verdes y parques en margen de quebradas.
- Transparencia en la gestión de fondos y participación de comunidades locales en la toma de decisiones.
La reconstrucción de La Guaira será, por tanto, más que una obra de hormigón: exige priorizar estudios del subsuelo, recursos financieros considerables y consensos sobre el futuro uso del litoral. Para miles de familias empieza además la cuenta humana: recuperar restos de seres queridos, rehacer hogares y decidir si volverán a vivir donde la tierra demostró ser impostora.












