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Un exasesor cercano a la política española sostiene que, a pocas semanas de las elecciones, el pulso entre PSOE y PP está mucho más igualado de lo que se creía: según Iván Redondo, Pedro Sánchez podría alcanzar a Alberto Núñez Feijóo en apoyo electoral e incluso ganar o empatar en 28 de las 52 provincias. La afirmación llegó en un plató televisivo y reaviva dudas sobre la volatilidad del voto y las estrategias de campaña.
Tengo en mi mesita de noche libros que consulto por temporadas: lecturas que consuelan y que, a la vez, ayudan a ordenar ideas antes de volver a la cruda realidad pública. Esa doble rutina —refugiarse en la literatura y regresar a la información— es útil ahora, porque la política española ha entrado en una fase en la que las previsiones pueden cambiar en poco tiempo y saben tanto a cálculo como a intuición.
La declaración y su contexto
En el programa La mesa de Cristina Pardo, en Antena 3, Iván Redondo sostuvo que el candidato del PSOE podría igualar o superar a Feijóo en varios territorios clave antes de las elecciones generales. La cifra que lanzó —28 provincias sobre 52— encendió reacciones en directo: el periodista Vicente Vallés mostró escepticismo y otras voces políticas, como la de Esperanza Aguirre, parecían sorprendidas por el pronóstico.
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Redondo no es un personaje cualquiera en el tablero político: su experiencia como estratega le confiere credibilidad en sondeos y tácticas, pero también acostumbra a generar debate por sus análisis a veces contrarios al consenso. Por eso su pronóstico ha desplazado la discusión del terreno de lo anecdótico al de lo estratégico.
Por qué esto importa hoy
Que un analista de peso plantee una remontada o un empate tiene efectos concretos en la campaña. No se trata solo de titulares: modifica cómo se distribuyen recursos, qué mensajes enfatizan los partidos y cómo votantes indecisos evalúan alternativas.

- Movilización: ambos bloques pueden intensificar actos y emisiones publicitarias en las provincias donde se prevé competencia.
- Mensajes: los equipos priorizarán discursos que funcionen en zonas concretas (economía, empleo, identidad regional), en lugar de apelaciones generales.
- Coaliciones: un mapa fragmentado obliga a explorar pactos post-electorales o alianzas tácticas que antes parecían menos probables.
- Votante indeciso: pronósticos de reequilibrio suelen aumentar la sensación de que el voto cuenta, lo que puede elevar participación.
En síntesis, si la predicción de Redondo se confirma mínimamente, la campaña entrará en una fase de mayor intensidad y microsegmentación territorial. Las cifras provinciales, más que las encuestas nacionales, podrían marcar la diferencia en la conformación final del Congreso.
Reacciones y matices
En el debate público han aparecido críticas contundentes sobre la gestión del Gobierno y advertencias sobre el estado de la política exterior, pronunciamientos que alimentan la polarización. El locutor Federico Jiménez Losantos, por ejemplo, aprovechó para reafirmar sus críticas al Ejecutivo; otras voces señalan errores y omisiones, mientras que defensores del Gobierno destacan logros económicos o sociales recientes.
No hay, a estas alturas, un consenso claro: las interpretaciones siguen divididas entre quienes creen en la capacidad de reactivación del PSOE y quienes consideran que el PP mantiene una ventaja estructural. Las figuras públicas, los medios y los estrategas seguirán ajustando sus mensajes según el termómetro democrático —los sondeos y la reacción ciudadana— evolucione esta semana.
Fuera del terreno estrictamente político, la agenda rosa no ha perdido su pulso: la ruptura entre Tana Rivera y Roca Rey ha ocupado portadas, mientras que otros rumores sobre supuestas relaciones entre figuras mediáticas circulan con fuerza en redes. Son historias que captan atención, pero que, frente a la posibilidad de un cambio en el equilibrio parlamentario, resultan secundarias para quienes contemplan las implicaciones de una legislatura por venir.
En el próximo mes veremos si los pronósticos se concretan en votos y escaños, o si la campaña desinfla estas expectativas. Lo que está claro es que, hasta que suenen las urnas, cada análisis influye en decisiones tangibles: dónde se celebra un mitin, qué promesa subraya un candidato y cómo vota un ciudadano indeciso.











