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Una cumbre privada de cuatro horas entre Jared Kushner y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, elevó este lunes la tensión sobre el futuro inmediato de Gaza: Washington presiona para poner en marcha su hoja de ruta de 15 puntos, mientras Jerusalén condiciona cualquier repliegue al desarme total de Hamás. La crisis se entrelaza además con la política interna israelí y la diplomacia regional, lo que complica una salida rápida.
Presión estadounidense y reticencias israelíes
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Según fuentes con acceso a ambas delegaciones, Kushner pidió a Netanyahu que no impida la puesta en marcha del plan estadounidense para Gaza, presentado en septiembre. El núcleo del desacuerdo es claro: Israel reclama garantías de seguridad y exige el desarme efectivo de Hamás antes de cualquier retirada; Washington busca acelerarlo mediante mecanismos de supervisión internacional.

En la reunión, Kushner acudió acompañado por Nickolay Mladenov, director de la denominada Junta de Paz, un órgano propuesto para verificar el cumplimiento de la hoja de ruta. La oficina de Netanyahu informó posteriormente que se acordó la creación de dos grupos de trabajo: uno dedicado al desarme y la desmilitarización de Gaza y otro centrado en saneamiento, agua potable y salud pública en la franja.
La discrepancia práctica persiste: Israel insiste en que no avanzará en el repliegue militar hasta constatar el desarme completo de Hamás; la Junta, por su parte, afirma que ha recibido compromisos de la organización sobre la entrega de armas, aunque ha quedado pendiente traducir esas promesas en pasos verificables.
Qué propone, en líneas generales, la hoja de ruta de 15 puntos
- Creación de una Junta de Paz que supervise la ejecución del plan y actúe como árbitro internacional.
- Desarme y desmilitarización de Gaza, con procedimientos para confiscar y inutilizar armamento.
- Retirada gradual de fuerzas israelíes condicionada a avances verificables en seguridad.
- Programas de reconstrucción y rehabilitación de infraestructuras civiles.
- Medidas de salud pública y suministro de agua y saneamiento para la población de la franja.
Encuentros paralelos en Egipto
Antes de viajar a Jerusalén, Kushner se reunió en El Alamein con mediadores de Catar, Turquía y Egipto, y con delegados de Hamás, según informan agencias. En esa cita también estuvo presente el ex primer ministro británico Tony Blair. Fuentes citadas por la prensa internacional sostienen que el líder de Hamás, Jalil al Haya, reafirmó el compromiso de su movimiento con la hoja de ruta, aunque reclamó un repliegue israelí previo para avanzar en la entrega de armas.
El choque de condiciones entre ambas partes —Israel exige entrega de armas antes de retirarse; Hamás pide retirada previa— mantiene el proceso estancado y convierte cualquier avance en una negociación de alto riesgo.
Actitudes y riesgos políticos en Israel
El calendario político pesa: Israel celebra elecciones legislativas el 26 de octubre, y el primer ministro Netanyahu afronta presiones internas de su base ultraderechista. Su actual coalición incluye a partidos como Poder Judío y Sionismo Religioso, cuyas posiciones endurecidas dificultan concesiones sobre Gaza.

En ese escenario, declaraciones recientes del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, que han provocado amplio rechazo, añaden volatilidad a la situación. El ruido político interno reduce el margen de maniobra del Ejecutivo y encarece el riesgo de que cualquier acuerdo sea revertido por dinámicas electorales.
Qué está en juego para la región y para los ciudadanos
El resultado de estas negociaciones tendrá efectos directos en tres frentes:
- Seguridad: una desmilitarización insuficiente podría generar nuevos episodios de violencia transfronteriza.
- Humanitario: la reconstrucción y el acceso a servicios básicos en Gaza dependen de la apertura de corredores y de garantías de seguridad.
- Política regional: la implicación de Egipto, Catar y Turquía y el interés estadounidense evidencian que cualquier acuerdo repercutirá en las relaciones entre actores clave, incluido Irán.
Desde la perspectiva práctica, el mayor desafío es convertir compromisos políticos en acciones verificables: desarme efectivo, controles sobre el material incautado y mecanismos internacionales de verificación que satisfagan tanto a Israel como a la comunidad internacional.
Balance y perspectivas
La visita de Kushner subraya la prioridad que la Administración estadounidense otorga a estabilizar Gaza, pero también revela lo estrecho del margen para lograrlo. La disputa sobre el orden de pasos —quién baja las armas primero y quién se retira— sigue siendo el escollo principal.
Si las partes logran acuerdos verificables y sostenibles, la hoja de ruta podría abrir la puerta a una fase de reconstrucción y alivio humanitario. Si no, las negociaciones correrán el riesgo de quedar congeladas por la política interna israelí y por la desconfianza mutua entre las partes.
En los próximos días será clave observar las decisiones que adopten los grupos de trabajo acordados, la capacidad de los mediadores regionales para garantizar compromisos y la evolución del clima político en Jerusalén, cuya dinámica electoral puede cambiar de forma súbita los incentivos de negociación.











