El Salvador en crisis: inseguridad y recesión sacuden su influencia global

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Al iniciar el último año de su segundo mandato, Nayib Bukele encara el desafío de convertir la reducción de la violencia en un motor económico sostenido. Lo que ocurre en las calles salvadoreñas ya no es solo una mejora estadística: tiene consecuencias directas sobre el empleo, el turismo y la percepción internacional del país.

Escribo desde El Salvador, donde participo en proyectos de gestión sanitaria y observo el impacto cotidiano de ese cambio. Comercios que antes cerraban temprano ahora permanecen abiertos, llegan más visitantes y existe una sensación de normalidad que hasta hace pocos años parecía inalcanzable.

Seguridad como eje económico

La priorización de la seguridad ha sido la reforma que más visiblemente ha cambiado el entorno económico. Menos violencia implica menos costos sociales y productivos: estudios regionales estiman que la inseguridad llegó a restar alrededor de 3,5% del producto interno bruto de la zona.

Ese avance no solo mejora la vida diaria; refuerza la confianza de consumidores y empresarios, y facilita la reactivación de sectores como el comercio minorista y el turismo. Pero la pregunta práctica es clara: ¿se traducirá ese orden público en crecimiento inclusivo y duradero?

Una apuesta diplomática en dos frentes

En el plano internacional, El Salvador negocia con cuidado su posición. Por una parte, mantiene una relación estrecha con Estados Unidos, cuya importancia va más allá de la diplomacia: el mercado, las remesas y las políticas migratorias entre ambos países condicionan decisiones económicas y sociales.

Simultáneamente, el Gobierno ha abierto canales con China, cuyos fondos han impulsado proyectos muy visibles —desde infraestructuras culturales hasta obras públicas— y amplían la influencia geopolítica de Pekín en la región.

La estrategia es pragmática: sacar provecho de los recursos y apoyos de ambos polos sin quemar puentes. Pero ese equilibrio resulta frágil si no va acompañado de mayores niveles de transparencia y control institucional.

Riesgos y condiciones para consolidar el cambio

El principal peligro es que la mejora temporal en seguridad se quede en un fenómeno político sin cimentación institucional. Para que el fenómeno sea transformador hacen falta reglas claras, procesos públicos auditables y un entorno que fomente la inversión responsable.

  • Ciudadanos: más seguridad puede traducirse en mejor calidad de vida, pero también exige protección de derechos y acceso a servicios públicos.
  • Inversores: la estabilidad atrae capital, aunque la preocupación por la transparencia y el marco regulatorio pesa en las decisiones.
  • Economía: turismo y comercio se recuperan rápidamente, pero la sustentabilidad fiscal y la diversificación siguen siendo pendientes.
  • Relaciones exteriores: la doble apertura a Washington y Pekín amplía oportunidades y riesgos geopolíticos.

En definitiva, El Salvador ha cambiado su escenario inmediato: menos violencia y más actividad económica son hechos palpables. El verdadero desafío será transformar ese punto de partida en un crecimiento equitativo y sostenible, con instituciones capaces de sostener los avances y limitar riesgos de dependencia externa.

Por Álvaro Hidalgo Vega, catedrático de Fundamentos del Análisis Económico en la UCLM y presidente de la Fundación Weber.

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