Dos partidos de peso regional se encuentran en un dilema que puede condicionar el rumbo del Gobierno central: tienen que decidir si sostener o no a Pedro Sánchez y, en ambos casos, el costo político es alto. La urgencia crece porque la Moncloa está afectada por una sucesión de escándalos que complica cualquier pacto, y las opciones de los nacionalistas están lejos de ser limpias.
Ni el PSOE ni el PP son aquí los protagonistas; el foco lo ocupan fuerzas que, con menos votos pero con representación clave, han actuado durante años como determinantes en investiduras y presupuestos. Ese papel les dio poder, pero también los coloca frente a dilemas en los que cada paso puede promover crisis nacionales o erosionar su propia base.
La memoria política pesa. En 2018 el Partido Nacionalista Vasco vivió una secuencia ilustrativa: primero respaldó los presupuestos del gobierno de Mariano Rajoy y, nueve días después, apoyó la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a la Moncloa. Aquella doble decisión mostró hasta qué punto los tiempos tácticos pueden contradecirse y generar críticas.
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Hoy, el liderazgo del PNV, personificado en Aitor Esteban, está presionando para que sea el propio presidente quien alivie la presión política adelantando elecciones, una salida que les quitaría de encima la exposición ante los escándalos que han rodeado a la administración central. Es, en el fondo, una petición para rehacer alianzas lejos del foco mediático y electoral.
En paralelo, desde Waterloo, Carles Puigdemont y su entorno afrontan otra disyuntiva: tumbar a Sánchez podría facilitar la llegada al poder de la derecha —con el consiguiente protagonismo del PP y de Vox—; sostener al presidente, en cambio, arriesga inculparse por asociación con un Ejecutivo salpicado por acusaciones.
Opciones sobre la mesa y sus consecuencias
- Retirar apoyo y forzar elecciones: alivio temporal para los nacionalistas frente a los escándalos, pero riesgo de perder influencia si la derecha gana fuerza en unas nuevas urnas.
- Mantener la alianza: estabilidad inmediata para el Gobierno, pero coste reputacional para los aliados por la vinculación con la gestión actual y sus polémicas.
- Negociar concesiones políticas: intentar extraer medidas o garantías a cambio del respaldo; opción compleja mientras la presión pública y mediática permanece alta.
Cada alternativa conlleva efectos concretos: cambio en el mapa de poder nacional, desgaste electoral en sus territorios y, en algunos casos, la posibilidad de que la opinión pública los perciba como oportunistas. No es una decisión técnica; es un cálculo político que combina riesgo institucional y supervivencia partidaria.
Lo que complica aún más el escenario es que, hasta ahora, no parece que Sánchez vaya a facilitar la salida: no ha ofrecido convocar elecciones ni ha planteado un paquete de medidas que satisfaga a los socios. Esa falta de movimiento obliga a PNV y a Junts a tomar la iniciativa bajo presión, sin margen amplio para negociar con tranquilidad.
En las próximas semanas se verá si optan por proteger su táctica regional o por priorizar la estabilidad estatal. La decisión no solo marcará la supervivencia política de esos partidos, sino que también puede inclinar la correlación de fuerzas en España durante años.











