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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha planteado condicionar un posible acuerdo con Irán a que varios países de Oriente Medio y aliados regionales formalicen relaciones con Israel. La propuesta, difundida este lunes en su cuenta de Truth Social, tiene implicaciones directas sobre la diplomacia regional y los mercados energéticos en un momento de alta tensión.
Un paquete de condiciones vinculado a Irán
Trump escribió que las conversaciones con Teherán avanzan «bien» y que, tras un encuentro telefónico el sábado con varios líderes de la región, busca que la firma del acuerdo iraní vaya acompañada de adhesiones simultáneas a los Acuerdos de Abraham. Según su propuesta, además de los signatarios previos, deberían sumarse países como Arabia Saudí, Catar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania y Baréin.
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La petición plantea un salto en la política de normalización: aunque Emiratos Árabes Unidos y Baréin suscribieron formalmente los Acuerdos en 2020 y otros como Egipto y Jordania mantienen acuerdos bilaterales con Israel desde décadas atrás, el reclamo de un paquete amplio busca convertir el pacto con Irán en un logro geopolítico más amplio.
- Emiratos Árabes Unidos: firmante de los Acuerdos (2020).
- Baréin: firmante de los Acuerdos (2020).
- Egipto: tratado de paz con Israel desde 1979.
- Jordania: tratado de paz con Israel desde 1994.
- Arabia Saudí: considera sensible cualquier reconocimiento sin una hoja de ruta para Palestina.
- Catar, Pakistán, Turquía: mencionados por Trump como candidatos a adherir.
- Otros que se han sumado en años recientes a la red de acuerdos: Sudán, Marruecos y Kazajistán.
Reacciones y fricciones en la región
Una fuente pakistaní consultada por Reuters negó que exista vínculo obligatorio entre el eventual pacto con Irán y la adhesión de terceros países a los Acuerdos de Abraham, y aseguró que Pakistán no está obligado a aceptar esa condición. Arabia Saudí, por su parte, históricamente ha condicionado cualquier acercamiento con Israel a avances concretos en la cuestión palestina.
Trump ha reconocido que «uno o dos» países podrían no unirse inmediatamente y que Estados Unidos lo aceptaría, pero ha insistido en que la mayoría debería sumarse para convertir el pacto con Irán en algo «más histórico». En su mensaje también emplazó a sus equipos a acelerar y culminar las negociaciones.
En paralelo, el presidente estadounidense ha mantenido contactos directos con varios mandatarios del área: el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salmán, el presidente de Emiratos Mohamed bin Zayed, el emir de Catar Tamim bin Hamad, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el presidente egipcio Abdelfatah al Sisi, el rey jordano Abdalá II y el monarca de Baréin Hamad bin Isa al Jalifa. También habló con el mediador paquistaní Asim Munir.
Aspectos clave del posible acuerdo
Trump ha buscado diferenciar su iniciativa de anteriores marcos: rechazó el acuerdo nuclear de 2015 —el conocido como JCPOA— y resaltó que no repetirá lo que, según él, fue un error bajo la Administración anterior. Recordó que su gobierno se retiró del JCPOA en 2018 y que después Washington aplicó sanciones contra Irán, que a su vez redujo sus compromisos y amplió actividades nucleares.
Fuentes iraníes citadas por medios oficiales hablan de «entendimientos» en las consultas, pero aclaran que el delicado tema del programa nuclear no figura aún en las concesiones públicas. Trump avisó que el pacto futuro será «excelente y significativo, o no habrá acuerdo».
Consecuencias económicas y de seguridad
Más allá de la diplomacia, la propuesta tiene efectos tangibles: la reapertura de canales con Irán y la desescalada en el Golfo podrían aliviar la presión sobre el suministro energético. El cierre o la interrupción en el paso del petróleo por el estrecho de Ormuz ha disparado los costes y la incertidumbre de los mercados.
Antes del inicio de la reciente contienda, la Agencia Internacional de la Energía estimaba que alrededor del 25 % del comercio petrolero marítimo mundial transitaba por Ormuz. Entre el 1 y el 27 de febrero la UNCTAD registró un promedio de 127 barcos diarios; durante marzo ese flujo se hundió, con un descenso de aproximadamente el 95 % y un promedio cercano a seis embarcaciones por día.
Para los consumidores y empresas, esa volatilidad se traduce en precios de la energía más altos y riesgos logísticos. Para los gobiernos, cualquier oferta que vincule reconocimiento diplomático y seguridad energética puede convertirse en moneda de cambio, pero enfrenta resistencias políticas y condicionamientos internos en varios países.
La negociación —si llega a concretarse— podría así redefinir alianzas regionales y repercutir en la economía global, pero su viabilidad depende tanto de concesiones técnicas sobre el programa nuclear iraní como de la disposición de terceros Estados a normalizar relaciones con Israel en los términos que propone Washington.












