Nacho Guerreros: gracias a Coque compró casa y fundó dos compañías de teatro

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A sus 55 años, Nacho Guerreros acumula una trayectoria estable que contrasta con la precariedad habitual del oficio: su personaje en televisión le ha dado continuidad económica y le permite alternar teatro, docencia y nuevos proyectos cinematográficos. Esta mezcla de seguridad profesional y actividad constante explica por qué su voz sigue teniendo peso en el debate sobre las condiciones del sector cultural hoy.

Guerreros, conocido por su papel de Coque Calatrava en La que se avecina —serie disponible en Amazon Prime Video—, repasa en esta charla cómo llegó a la interpretación, qué ha aprendido como profesor y por qué sigue apostando por trabajar con jóvenes cineastas.

De los escenarios modestos a la estabilidad televisiva

Su salto a la televisión no fue inmediato ni casual. Tras años en Madrid formando parte de montajes teatrales, una obra concreta —la versión que él produjo de Bent— actuó como palanca: la función atrajo a profesionales que lo observaron y acabó abriendo puertas en series generalistas. A partir de entonces la continuidad llegó poco a poco, primero con pequeñas apariciones y luego con la consolidación de su personaje en una comedia longeva.

Guerreros recuerda que aquella etapa fue decisiva para lograr “un trabajo fijo”, algo raro en el mundo actoral, y que la popularidad de su personaje también le permitió invertir en proyectos propios y montar productoras de teatro.

Acoso escolar, vocación y elecciones

El actor rememora que el acoso en la adolescencia marcó su decisión de abandonar una formación técnica y volcarse hacia la interpretación. Desde niño sintió la atracción por presentarse o interpretar, y siguió esa inclinación hasta completar su bachillerato y embarcarse en la carrera artística.

No obstante, Guerreros subraya que su relato sobre la lotería familiar —una anécdota que suele repetirse de forma distorsionada— ha sido malinterpretada: ese premio entró en escena cuando él ya llevaba un tiempo establecido en Madrid y con formación en cine; no fue la chispa que lo lanzó desde la nada.

Precariedad y salud mental: una radiografía del sector

Para el actor, no hay que romantizar la vocación: la interpretación también es una industria que exige viabilidad económica. Señala que la inestabilidad tiene consecuencias directas en la salud mental de quienes no encuentran continuidad laboral, y reclama mayor honestidad al hablar del impacto de la precariedad en la profesión.

Su diagnóstico es práctico: la pasión no basta si no se pagan las facturas. Esa tensión entre arte e industria ha condicionado muchas de sus decisiones personales y profesionales.

Compatibilidades y nuevas fronteras

Aunque encarna el mismo personaje televisivo desde hace más de dos décadas, asegura no sentirse encasillado. Valora lo que le ha permitido lograr el rol —una vivienda, compañías teatrales, producciones propias— y subraya su capacidad para alternar serie, teatro y giras.

En cine admite haber encontrado más dificultades: históricamente, la industria cinematográfica tendía a repetir una nómina fija de intérpretes. Pero reconoce una apertura reciente que facilita la aparición de nuevos rostros y cuerpos heterogéneos.

  • Televisión: Preparando la grabación de la temporada 17 de La que se avecina.
  • Cine: Protagonizará el primer largometraje de Miguel Ángel Olivares; el rodaje está previsto para este verano.
  • Teatro: Tres montajes activos: Dos tronos dos reinas, Bestseller (dirigida por Gabriel Olivares) y La noche es comedia, junto a Macarena Gómez.
  • Serie reciente: Estreno de Por cien millones, sobre el secuestro de Quini, donde coincidió con Raúl Arévalo.

Docencia: ver para aprender

Impartir clases de interpretación le ha ofrecido otra perspectiva: como profesor detecta cambios en la confianza de sus alumnos y aprende a valorar diferentes métodos de trabajo. Para él, el oficio debe disfrutarse; incluso interpretar tragedias requiere una aproximación que no pase por el sufrimiento constante.

La experiencia docente también le permitió entender la profesión desde la posición del acompañante, no solo del intérprete frente a las cámaras.

Relaciones laborales y límites personales

Guerreros admite haber abandonado proyectos cuando detectó falta de entendimiento con la dirección, y reconoce que el sector sufre de comportamientos tóxicos que no siempre se visibilizan. Evita el enfrentamiento público: prefiere la puntualidad, el diálogo y facilitar el trabajo ajeno para que la convivencia profesional sea fluida.

Tampoco es asiduo a los grandes eventos: no asiste a la gala de los Goya desde 2006, en parte por razones personales (horarios) y en parte por su desinterés por la parafernalia de alfombras y cócteles, aunque considera que en esos foros se podrían abordar temas como la precariedad.

Proyectos y prioridades

Su agenda está cargada: entre la nueva temporada de la serie, los estrenos teatrales y la futura película, propone un calendario de trabajo que mezcla continuidad y riesgo creativo. Apuesta por colaborar con compañeros jóvenes porque, según él, son ellos quienes sostendrán el cine y el teatro del mañana.

En cuanto a dirigir, plantea reservas: dirigir un largometraje implica una visión global y responsabilidades que aún no se siente preparado para asumir. Prefiere reconocer sus límites antes que embarcarse en una tarea para la que teme no estar listo.

En lo personal, se define como una persona honrada y con límites claros frente a la traición. Confiesa que perdona, pero encuentra difícil olvidar determinadas deslealtades.

Tras más de veinte años ligado a un mismo personaje, Nacho Guerreros sigue combinando seguridad y curiosidad creativa: no renuncia a la estabilidad que le ha brindado la televisión, pero tampoco deja de explorar otros territorios donde formarse, producir y acompañar a las nuevas generaciones.

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