Mostrar resumen Ocultar resumen
Esta semana, la gala del Año Nuevo chino encendió las pantallas con robots humanoides ejecutando acrobacias y diálogos en vivo, una exhibición que no solo buscaba asombro sino que subraya el avance industrial de China en este sector. Lo que se vio en prime time tiene consecuencias directas: producción en masa, despliegue comercial y una carrera global por dominar la robótica humanoide.
Un espectáculo con intención industrial
En el programa participaron máquinas de cuatro fabricantes chinos que combinaron rutinas marcadas, escenas cómicas y demostraciones físicas complejas: volteretas, carreras y formaciones cambiantes que mostraron un control de movimiento más pulido que el del año pasado.
El grupo más comentado fue formado por los modelos G1 de Unitree Robotics, que saltaron desde trampolines, treparon paredes y alcanzaron velocidades próximas a los 14 km/h. Según el fundador de la compañía, Wang Xingxing, esas maniobras se ejecutaron de manera autónoma y la empresa tiene planes ambiciosos de producción: espera enviar entre 10.000 y 20.000 unidades durante el año.
Plan estatal de vivienda de 7.000 millones llega al consejo de ministros
Política 9 de abril de 2026: lo esencial que afecta a tu día
Del entretenimiento al mercado
La exhibición incluyó además una escena en la que robots interactuaban como asistentes de cuidado para personas mayores, una pista directa sobre usos prácticos: atención domiciliaria, apoyo en residencias y ayuda en entornos sanitarios.
Analistas y consultoras apuntan a una tendencia clara: gran parte de la fabricación y la cadena de suministro —baterías, sensores, motores y chips de control— se concentra en China, lo que reduce costes y acelera ciclos de desarrollo frente a rivales extranjeros.
Omdia, la consultora especializada, sitúa a Unitree en cabeza y señala que sus ventas combinadas superan a las de varios competidores estadounidenses, entre ellos firmas como Tesla, Figure AI y Agility Robotics. El año pasado, casi el 90% de los humanoides vendidos a nivel global procedieron de empresas chinas y seis de las principales vendedoras eran del país.
- Producción prevista: 10.000–20.000 unidades anunciadas por Unitree para el año.
- Velocidad demostrada: cerca de 14 km/h en pruebas públicas.
- Cuota de mercado: cerca del 90% de unidades vendidas en 2025 (informe de mercado).
- Cadena de valor: integración nacional de baterías, sensores y chips, ventaja competitiva frente a Occidente.
- Proyección económica: Morgan Stanley estima un mercado de unos 38.000 millones de dólares para 2035 si la tecnología se integra en la vida cotidiana.
En la misma gala, un humanoide sostuvo un intercambio fluido con los presentadores gracias a un chatbot desarrollado por ByteDance, una muestra de cómo la robótica y la inteligencia artificial generativa se están combinando en China para crear productos más completos.
El apoyo estatal también aparece como factor decisivo. Fuentes del sector y documentos oficiales muestran que Pekín está tratando la robótica humanoide como prioridad en los nuevos planes quinquenales, aplicando medidas que recuerdan al despliegue de la industria de vehículos eléctricos: subsidios iniciales, fomento de la competencia local y producción a gran escala para abaratar costes.
¿Por qué importa ahora?
Porque la tecnología está dejando de ser un espectáculo para volverse una herramienta productiva en semanas y meses, no en décadas. Si las empresas chinas consiguen desplegar humanoides en fábricas, almacenes, hospitales y residencias a gran escala, el impacto en productividad, empleo y servicios será significativo y rápido.
Para gobiernos y compañías fuera de China, las preguntas que se abren son operativas y regulatorias: cómo regular interacciones humanas con máquinas, qué estándares de seguridad exigir y cuál será la respuesta industrial frente a una competencia que ya domina buena parte de la cadena de suministro.
En los próximos meses conviene vigilar tres frentes: la llegada a mercados comerciales —no solo de prototipos—, la evolución de los costes unitarios con la producción masiva y las políticas públicas que definan límites y usos aceptables.
La gala internacionalizó una realidad tecnológica: lo que parecía demostración de fuerza ahora marca el calendario de despliegue comercial y la agenda de quienes regulan y compiten en la industria.












