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Un informe reciente de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) pone en cuestión la estabilidad laboral registrada desde la reforma aprobada en 2021: los cambios legales habrían modificado la clasificación de los contratos sin eliminar la volatilidad del empleo. Esto importa hoy porque altera cómo se mide la recuperación del mercado laboral y condiciona decisiones políticas y económicas en curso.
El estudio analiza la evolución de las contrataciones tras la implantación de la reforma y detecta una caída rápida en la duración media de los contratos catalogados como indefinidos ordinarios. Según Fedea, ese descenso se produjo en un plazo muy breve —en torno a cien días— después de entrar en vigor el nuevo marco legal.
Transformación nominal, no necesariamente sustantiva
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El núcleo del hallazgo es que gran parte del aumento de la contratación indefinida responde a un cambio en la tipología contractual: contratos que antes se registraban como temporales pasan ahora a figurar como indefinidos en los registros administrativos.
La consecuencia práctica es que la rotación laboral no ha desaparecido: simplemente ha adoptado otra forma en las estadísticas. Es decir, se documentan más contratos con la etiqueta «indefinido», pero muchos de esos puestos mantienen ritmos de alta entrada y salida que siguen reflejando condiciones de empleo precarias.
¿Qué efectos tiene esto para trabajadores y políticas públicas?
Las implicaciones son múltiples y afectan tanto a la protección social como a la interpretación de los datos oficiales.
- Percepción de estabilidad: A simple vista, el aumento de contratos indefinidos puede leerse como progreso, pero la duración efectiva del empleo sugiere otra realidad.
- Acceso a derechos: La etiqueta contractual influye en prestaciones y cotizaciones; cambios en la clasificación pueden modificar el acceso real a beneficios.
- Evaluación de políticas: Los indicadores habituales pueden sobreestimar la mejora del mercado laboral si no se desagrega la información por duración y rotación.
- Transparencia estadística: El fenómeno subraya la necesidad de datos más detallados para distinguir entre cambios nominales y verdaderas mejoras en la calidad del empleo.
Analistas independientes consultados por Fedea piden cautela al interpretar los avances. Sin datos que muestren incrementos sostenidos en la duración de los contratos y en la permanencia en el empleo, las cifras oficiales pueden ofrecer una imagen demasiado optimista.
Qué conviene vigilar ahora
En los próximos meses será clave revisar series desagregadas por tipo y duración de contrato, así como estudios longitudinales que sigan a trabajadores concretos. Solo así se podrá determinar si el cambio fue estructural o básicamente administrativo.
Asimismo, la discusión pública sobre la reforma y sus efectos debería apoyarse en análisis independientes y en mayor transparencia de los registros laborales para evitar conclusiones prematuras.
En resumen: la contabilización de más contratos como indefinidos no necesariamente equivale a más empleo estable. La evidencia reciente obliga a mirar más allá de las etiquetas y a exigir indicadores que midan la calidad y la duración reales del trabajo.











