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Miriam Giovanelli ha pasado de ser una cara conocida por una generación joven a consolidarse como actriz con recorrido. Su último trabajo en Matices, junto a Elsa Pataky, vuelve a colocarla en el centro del debate sobre cómo la ficción refleja hoy a las mujeres y cómo herramientas cotidianas —como el móvil— influyen en la profesión.
De los primeros papeles a la madurez actoral
La actriz italo-española saltó al gran público con Física o Química, pero su carrera no se quedó anclada en ese primer éxito. A lo largo de los años ha transitado géneros y registros diferentes —desde melodrama en Velvet hasta thriller en Caronte—, y reconoce que cada personaje le ha servido para ampliar su mirada.
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Reconoce también que su relación con el trabajo ha cambiado: los nervios de los primeros castings han dado paso a una actitud más sosegada, que le permite aprovechar las pruebas como parte del proceso creativo en lugar de verlas solo como una presión.
Personajes más complejos, pero quedan asuntos por explorar
Giovanelli celebra que, en los últimos años, el cine y la televisión estén ofreciendo papeles femeninos con mayor complejidad y contradicción. Detecta un avance en las historias que llegan a premios y festivales, donde los personajes dejan de ser unidimensionales.
No obstante, apunta a temas que todavía aparecen poco en pantalla pese a su presencia en la vida cotidiana: retoques estéticos y reproducción asistida son dos ejemplos de realidades que, según ella, merecen ser tratadas con naturalidad en la ficción.
- Retoques estéticos: discutido en conversaciones públicas, escaso en narrativas dramáticas.
- Reproducción asistida: tema íntimo y social que reclama visibilidad en guiones contemporáneos.
- Edad y papeles: el debate sobre oportunidades después de los 40 continúa, aunque la presencia de protagonistas maduras crece.
En relación con la atención mediática, Miriam admite una contradicción personal: ella misma pregunta por la ropa o el look en entrevistas, pero considera que se cruza la línea cuando ese interés sustituye a las preguntas sobre trabajo y pensamiento. Para ella, la desigualdad surge cuando la apariencia monopoliza la conversación con las mujeres y no con los hombres.
Edad, mercado y cambio social
Sobre la percepción de que la industria margina a las actrices con la edad, la actriz relativiza: no atribuye el problema únicamente al sector audiovisual, sino a un patrón social más amplio que ahora se corrige gracias a la insistencia de muchas profesionales en visibilizar otras edades. La consecuencia directa es que empiezan a surgir narrativas con mujeres de más de cuarenta al frente.
Algunas de las historias más elogiadas en los últimos tiempos tienen protagonistas maduras, lo que sugiere que la transformación cultural —y por ende la oferta de guiones— está avanzando.
Tecnología, privacidad y trabajo creativo
Más allá del plató, Miriam habla de la evolución en la forma en que las intérpretes gestionan su imagen pública. El teléfono inteligente ha dejado de ser solo un instrumento de comunicación para convertirse en una herramienta de trabajo: fotografía, documentación, gestión de material y difusión.
Valora especialmente la posibilidad de hacer buena fotografía nocturna sin equipo adicional y funciones que ayudan a organizar y compartir contenido con rapidez. También destaca el beneficio de controles de privacidad en pantalla cuando revisa material en espacios públicos.
- Fotografía nocturna con calidad, útil para observar ambientes y crear referencias.
- Funciones de inteligencia para catalogar y enviar imágenes de forma rápida.
- Controles de privacidad en pantalla para proteger contenidos cuando se trabaja en lugares concurridos.
- Herramientas de traducción y búsqueda visual que facilitan la documentación en viaje.
En su caso, el teléfono actúa como un asistente: desde buscar referencias de arquitectura hasta gestionar archivos para un personaje. La tecnología, dice, ha cambiado la manera de preparar y complementar el oficio.
El recorrido de Miriam Giovanelli ilustra dos cambios que importan hoy: la ficción está pidiendo personajes femeninos más matizados y las nuevas herramientas tecnológicas alteran la forma en que las intérpretes construyen y protegen su trabajo. Eso afecta tanto al contenido que vemos en pantalla como a la profesionalidad con la que se gestiona la imagen pública fuera de ella.












