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Mohammad Mohaddessin, presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (CNRI), llegó a Bruselas con una misión urgente: conseguir respaldo internacional para una transición política en Irán en pleno recrudecimiento del conflicto entre Teherán y fuerzas occidentales. En una entrevista con PoliticAhora, argumentó que la solución pasa por apoyar a la oposición iraní y preparar ya la administración que tomaría las riendas tras la caída del régimen.
Mohaddessin asegura que el fin del conflicto podría estar cerca, pero subraya que la población iraní sufre doble presión: la represión interna del aparato estatal y el impacto de bombardeos que, dice, afectan también a civiles. Para él, ese doble factor ha fortalecido la demanda de cambio dentro del país.
Crítica a la estrategia occidental
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Desde su perspectiva, las políticas de concesión y diálogo emprendidas por varias potencias occidentales no han derivado en reformas internas. Mohaddessin rememora décadas de negociaciones que, a su juicio, dieron tiempo al régimen para consolidar capacidades militares y nucleares sin abrir vías reales a la democratización.
En ese sentido condena el llamado simple “no a la guerra” como insuficiente: dice que Europa y gobiernos como el de España deberían ir más allá del rechazo al conflicto y reconocer al movimiento opositor como actor legítimo si realmente quieren contribuir a una transición pacífica.
Qué pide a España y a la UE
El dirigente exiliado apela a la experiencia histórica española para liderar un respaldo político a la oposición iraní. Propone medidas concretas que, según él, debilitarían al régimen más eficazmente que las operaciones militares aisladas.
- Reconocer políticamente al movimiento opositor y al gobierno provisional que propone el CNRI.
- Reprobar internacionalmente las violaciones de derechos humanos cometidas por el régimen.
- Apoyar la organización de una transición dirigida por iraníes, no por fuerzas extranjeras.
- Coordinar con otros países europeos una política común que respalde a la sociedad civil iraní.
La visión de Mohaddessin sobre objetivos occidentales
Reconoce que las prioridades de países como Estados Unidos giran en torno a la no proliferación nuclear, la reducción de capacidades militares y el freno al apoyo a grupos como Hezbolá. Pero insiste en que esos fines son alcanzables solo si Irán evoluciona hacia un sistema democrático: “Sin un Irán democrático, las metas de seguridad exterior no serán sostenibles”, afirmó.
Plan para el día después
El CNRI ya ha presentado lo que define como una hoja de ruta para la transición. Mohaddessin detalla el calendario y las responsabilidades del proceso provisional:
- Tras el derrocamiento del régimen, se pondría en marcha un gobierno provisional con un mandato de seis meses para organizar elecciones libres.
- Esas elecciones elegirían una Asamblea constituyente encargada de redactar una nueva carta magna.
- Mientras se redacta y somete a referéndum la Constitución (un proceso que, según la propuesta, podría durar de uno a dieciocho meses), la Asamblea aprobaría leyes provisionales y supervisaría al gobierno.
- El período máximo de transición listado en el plan sería de dos años, tras los cuales la nueva Constitución entraría en vigor y la autoridad de la resistencia quedaría disuelta en favor de las instituciones electas.
Mohaddessin recalca que el CNRI pretende entregar la legitimidad al parlamento saliente, y que sus propios miembros solo conservarían la influencia que les otorguen los votos individuales en la Asamblea.
Riesgos de fragmentación y respuesta a las dudas
Sobre el temor a un escenario de guerra civil similar al de Irak o Libia, sostiene que existen diferencias fundamentales. La principal, dice, es que el CNRI representa una alternativa política estable y articulada tras décadas de trabajo en el exilio: parlamento en el extranjero, planes sobre separación de religión y Estado, derechos de las mujeres y propuestas de autonomía para regiones como el Kurdistán.
“No partimos de cero”, explica, y añade que esos programas ya cuentan con apoyo entre diversas comunidades étnicas y religiosas dentro de Irán.
Qué no piden
Mohaddessin insiste en algo que repite a lo largo de la conversación: la resistencia no solicita tropas extranjeras ni financiación masiva. “No necesitamos soldados en el terreno ni que otros dirijan la transición”, dice. La demanda central es reconocimiento político y respaldo diplomático para legitimar el proceso liderado por iraníes.
Para el CNRI, el mejor resultado para la estabilidad regional sería una transición interna que depare un Irán democrático y menos proclive a exportar inestabilidad. Esa, concluye Mohaddessin, es la vía para que objetivos de seguridad exterior y las aspiraciones de la sociedad iraní converjan.












