Marruecos gana peso geopolítico: nuevas alianzas y impacto global

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La salida efectiva de Francia del Sahel y la falta de una respuesta visible de España han dejado un vacío estratégico que Marruecos, con el respaldo de Washington, se apresura a llenar. Ese movimiento tiene implicaciones directas para la seguridad regional y para los intereses de España y la Unión Europea.

En los últimos años Rabat ha reforzado su papel como filtro frente a redes yihadistas que operan en el Sahel, una dinámica que interesa especialmente a Estados Unidos y a los socios europeos. El esfuerzo marroquí combina cooperación de seguridad, presencia diplomática y acciones de influencia religiosa que buscan contener la expansión de corrientes salafistas violentas.

Un enfoque religioso y militar complementario

La mayoría del islam en Marruecos sigue la escuela malikí y muestra una presencia significativa de prácticas sufíes, corriente que históricamente promueve enfoques más contemplativos y menos beligerantes. Rabat ha impulsado proyectos educativos en países del Sahel para difundir esa interpretación y, de ese modo, ofrecer una alternativa al extremismo.

Al mismo tiempo, Marruecos ha modernizado y ampliado capacidades militares. Ese rearme no parece orientado contra España, según analistas, sino más bien en clave regional: mantener el equilibrio frente a Argelia y enviar un mensaje disuasorio a grupos armados que podrían intentar infiltrar su territorio.

Presencia diplomática en la crisis de Gaza

La cumbre celebrada el 19 de febrero en Washington reforzó la visibilidad internacional de Marruecos como interlocutor relevante en la respuesta a la crisis en Gaza. Aunque no encabeza la lista de donantes ni aporta el mayor contingente a la Fuerza Internacional de Estabilización (ISF), su valor radica en la capacidad de conectar actores clave: es un socio operativo con fuerzas armadas estructuradas, mantiene relaciones diplomáticas plenas con Israel desde 2020 y tiene canales fluidos con el Pentágono y el Departamento de Estado.

Ese entramado hace que Rabat sea percibido como un puente pragmático entre Tel Aviv y los países árabes que participan en la ISF, sin renunciar formalmente a su postura de apoyo a la causa palestina en foros como el Comité Al Quds de la Organización para la Cooperación Islámica.

  • Capacidad militar: Fuerzas armadas activas y experiencia en misiones multinacionales.
  • Relaciones diplomáticas: Normalización con Israel y alianza estratégica con EE. UU.
  • Influencia religiosa: Promoción de corrientes sufíes como alternativa al salafismo violento.
  • Posición geoestratégica: Vecindad con el Sahel y control de flujos migratorios hacia Europa.

La convergencia entre Washington y Rabat también se ha traducido en apoyo estadounidense a la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara, lo que demuestra cómo las posiciones sobre Oriente Medio y el Magreb se entrelazan en la agenda diplomática actual.

Otros actores en la ISF y las limitaciones regionales

Pakistán e Indonesia aportan legitimidad religiosa y política dentro del mundo musulmán, mientras que Egipto y Jordania contribuyen con experiencia directa en la cuestión palestina. No obstante, la cercanía geográfica y la presión de la opinión pública interna reducen la flexibilidad de estos últimos para implicarse con mayor contundencia.

Frente a este cuadro, España parece mantener una postura más retórica que operativa. La falta de un liderazgo claro en el Sahel y en los procesos de estabilización en Gaza deja a Madrid en una posición secundaria, mientras Rabat y Washington ejecutan iniciativas concretas sobre el terreno.

En términos prácticos, lo que está en juego para España y Europa es doble: por un lado, la seguridad frente a redes yihadistas que migran desde el Sahel; por otro, la gestión de flujos migratorios y la estabilidad en el Mediterráneo occidental. Ignorar quién controla eficazmente esos factores tiene consecuencias inmediatas en política exterior y defensa.

La realidad reciente sugiere que, más allá de la retórica, las decisiones operativas las toman actores con capacidad de interlocución y despliegue. En este contexto, Marruecos consolida un rol central que Madrid no debería subestimar.

Luis Feliu Bernárdez, general de brigada (r.). Academia de las Ciencias y las Artes Militares.

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