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Blanca Paloma llega a 2026 con dos hitos que pueden cambiar el rumbo de su carrera: una nominación a los Goya por una canción de cine y la inminente publicación de su primer álbum. Tras años de transición entre bambalinas y escenarios, este es el momento en que su trabajo busca asentarse más allá del fenómeno festivalero.
Su nombre se quedó en la memoria colectiva después de triunfar en el Benidorm Fest y representar a España en Eurovisión, pero la trayectoria de Blanca Paloma no nace en 2023: antes trabajó como escenógrafa y técnica, una experiencia que, dice, la preparó para comprender el espectáculo más allá de la canción.
La nominación al premio de la Academia por «Caminar el tiempo», tema incluido en la película Parecido a un asesinato, le llegó tras colaborar con el compositor Luis Ivars, quien le propuso escribir sobre una escena ya casi cerrada de la cinta. La artista recuerda que aceptó tras conectar emocionalmente con la proyección privada y que la propia película le permitió componer desde una posición íntima y coherente con la narración.
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Lo que cambia en 2026 y por qué importa
Estos son los hechos concretos que transforman su presente y afectan también al público y al sector musical:
- Nominación a los Goya: visibilidad en el cine español y oportunidad de ampliar su audiencia más allá del circuito festivalero.
- Primer álbum: material inédito que pretende mostrar la amplitud de su registro tras combinar balada y ritmos más rítmicos en ediciones anteriores.
- Relación con la industria: acuerdos con discográficas y una trayectoria que incluye varios cambios de sello antes de cerrar el lanzamiento.
- Debate sobre tecnología: postura crítica frente a un uso desregulado de la inteligencia artificial en la creación musical.
Su método de trabajo revela una mezcla de preparación técnica y gestión emocional. Antes de asomarse a grandes escenarios se preparó psicológicamente: entiende que la exposición conlleva responsabilidad y que disfrutar sobre el escenario es parte esencial del resultado artístico.
Blanca Paloma valora especialmente el compromiso de los aficionados —los benifans— y subraya cuánto influyen en la carrera de los artistas. A la vez, reclama mayor respeto en las opiniones públicas: distingue entre la crítica constructiva y la toxicidad que puede dañar a profesionales cuyo «instrumento» es su propio cuerpo y emociones.
Festivales, política y eurovisión
La artista no rehúye la controversia: fue una de las voces que, en 2025, mostró su desacuerdo con la presencia de Israel en el festival, y defiende que la música no puede desligarse de los derechos humanos. Para ella, la esfera artística está inevitablemente atravesada por la política, especialmente en eventos que representan a países y tienen gran alcance mediático.
Sobre la producción escénica del Benidorm Fest 2026, elogia el trabajo de Sergio Jaén y del equipo creativo, y recuerda su colaboración con Borja Rueda en la coreografía de su actuación. Considera que el festival ha ganado en ambición visual y en capacidad para impulsar carreras, aunque advierte que ganar no es la única medida de éxito: la exposición y el trabajo a largo plazo importan tanto como el primer puesto.
Respecto a los ganadores de la edición —Tony Grox y LucyCalys— muestra optimismo: opina que su propuesta funcionará igualmente fuera del festival y que el verdadero triunfo es poder vivir de la música a lo largo del tiempo.
En lo musical, describe el álbum como un trabajo «a fuego lento», resultado de la resaca emocional tras Eurovisión y de una etapa de experimentación. Su interés es combinar géneros y conservar una voz propia en medio de la presión comercial. Confiesa que, tras firmar con Universal, atravesó distintas situaciones de expectativas externas que la llevaron a cambiar de discográficas antes de cerrar el proyecto.
Sobre la tendencia actual a priorizar singles y consumo rápido, muestra reservas: defiende la necesidad de equilibrio entre las demandas del mercado y la manera de crear de cada artista. Para Blanca Paloma, preservar la esencia personal es clave para no diluir la identidad musical.
Inteligencia artificial: herramienta con límites
En cuanto a la IA, reconoce su potencial como recurso accesible y democratizador, pero reclama normativa que proteja los derechos de autor y evite la explotación de voces y estilos sin compensación. Advierte del riesgo de que la industria favorezca perfiles artificiales frente a carreras de artistas reales y pide leyes claras para garantizar que la tecnología no sustituya la singularidad humana.
Mirando al futuro, la artista se muestra ambiciosa pero prudente: espera que el álbum funcione como carta de presentación más allá de sus canciones festivaleras y que la nominación a los Goya abra nuevas puertas en el cine y la música. Para sus seguidores, promete más lanzamientos y una etapa creativa en la que la coherencia personal será prioridad.
En resumen, 2026 coloca a Blanca Paloma en una encrucijada profesional: consolidar un proyecto artístico propio o dejarse llevar por dinámicas de mercado. Sus próximas decisiones, y el impacto de iniciativas regulatorias en torno a la tecnología, marcarán si su salto se convierte en una trayectoria sostenible.












