Marta Jiménez Serrano: cómo aceptar la muerte le ha permitido vivir con más paz

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El 7 de noviembre de 2020 Marta Jiménez Serrano rozó la muerte tras una intoxicación por monóxido de carbono en la vivienda de alquiler donde vivía. Cinco años después publica Oxígeno, su primer título con Alfaguara, y convierte esa experiencia en una novela que interroga la seguridad del hogar, la salud mental y la precariedad habitacional —temas que siguen vigentes hoy.

Jiménez Serrano cuenta que escribir fue, al principio, una obligación íntima y luego un ejercicio de orden emocional: transformar el trauma en relato para entenderlo. En conversación con este diario explica cómo el proceso terapéutico y la literatura se entrelazaron para reconstruir lo ocurrido sin caer en el morbo.

Escribir para ordenar lo vivido

La autora admite que relatar el episodio le provocaba ansiedad, pero también era inevitable. Decidió no convertir el libro en una crónica sensacionalista ni en un diario explícito: buscó la medida entre la honestidad y la elegancia narrativa.

Oxígeno pretende, según ella, mantener la tensión entre lo dicho y lo callado; un equilibrio que se consigue al aplicar técnicas propias de la novela sobre hechos personales. El resultado es un texto contenido, en el que la forma importa tanto como el contenido.

El humor aparece de forma espontánea, pese a la gravedad del tema. Jiménez Serrano reconoce que, aunque no esperaba bromear sobre lo sucedido, su voz literaria lo permite y lo incorpora como una válvula que aligera la narración sin trivializar la experiencia.

Consecuencias prácticas y personales

El accidente puso en primer plano la vulnerabilidad que implica vivir de alquiler. Para la escritora fue un golpe doble: la crisis sanitaria personal y la dificultad de no tener un hogar propio al volver del hospital.

Relata la sensación de desamparo al no tener un sofá al que regresar y la fatiga de las gestiones posteriores: seguros, abogados y búsqueda de nueva vivienda, todo mientras se recuperaba física y psicológicamente.

  • Riesgo doméstico: la intoxicación por monóxido de carbono expone la necesidad de revisiones y responsabilidad del arrendador.
  • Salud mental: el impacto no siempre es visible; el acompañamiento psicológico y social resulta clave.
  • Política de vivienda: el caso ilustra fallos estructurales en la protección de inquilinos.
  • Prevención: detectores de CO y mantenimiento regular pueden evitar tragedias.

Para la autora, la vivienda ocupa un lugar central en el libro porque el hogar debería ser un refugio y, en este caso, dejó de serlo. Recuerda con ironía amarga su negativa inicial a mudarse: después de más de una decena de traslados, no quería empezar de nuevo.

Lo invisible que pesa

Jiménez Serrano también subraya la dificultad social para reconocer el sufrimiento no visible. Cuando las secuelas son psicológicas, la respuesta de los demás suele ser apresurada: «¿Estás bien?», seguido de una invitación a seguir adelante como si todo se resolviera con normalidad.

Ella cree que muchas veces la mejor ayuda es simplemente acompañar y escuchar: no hay que arreglarlo todo, sino tolerar la presencia del miedo y la tristeza mientras se asientan los procesos de recuperación.

Ansiedad, terapia y aceptación: la autora describe una relación más sana con su ansiedad tras el tratamiento. No espera su desaparición total, pero sí una convivencia menos hostil: aprendió a reconocer las señales sin sucumbir a ellas.

Contexto editorial y recepción

Oxígeno llega después de Los nombres propios (publicada en 2021), una primera novela que la autora vio renacer en redes sociales en 2025. Cambiar de sello editorial a Alfaguara ha supuesto, según Jiménez Serrano, un respaldo profesional mayor en la edición y la promoción.

Publicar este libro ha supuesto para ella un cierre simbólico: cada título, dice, finaliza un ciclo creativo y abre otro en lo público y lo profesional.

Lo que hace singular a Oxígeno —además del origen real de su materia— es la mezcla de testimonio, ficción controlada y reflexión sobre problemas colectivos: la vivienda, la responsabilidad compartida y cómo las sociedades contemporáneas afrontan (o eluden) la muerte y la espiritualidad.

Qué queda para el lector

Oxígeno no es solo una narración sobre un accidente; es una invitación a pensar en la seguridad del hogar, en la empatía hacia heridas invisibles y en la necesidad de políticas que protejan a las personas en situación de alquiler. Para quienes atraviesan procesos similares, el libro puede servir de compañía y mapa de recuperación.

Para terminar, estas son las lecciones prácticas que deja la historia:

  • Revisar regularmente las instalaciones de gas y calefacción.
  • Instalar detectores de monóxido de carbono en viviendas y comprobar su funcionamiento.
  • Buscar apoyo psicológico tras un episodio traumático, aun cuando las heridas no se vean.
  • Exigir responsabilidad a propietarios y entidades encargadas del mantenimiento.

Oxígeno es, en definitiva, una novela que convierte el peligro doméstico en pregunta social y que sitúa la experiencia individual en un debate más amplio sobre cómo vivimos, cómo nos cuidamos y qué esperamos del lugar al que llamamos casa.

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