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España cumple 40 años como miembro de la Unión Europea en un momento de elevada tensión para el proyecto comunitario. Este miércoles, en Estrasburgo, el rey Felipe VI destacó la contribución española al proceso europeo mientras el país todavía se recupera de la tragedia ferroviaria en Córdoba; a su lado, el secretario de Estado para la UE, Fernando Sampedro, resumió a PoliticAhora los cambios tangibles que ha traído la integración y los retos que vienen.
Qué ha cambiado en cuatro décadas
La incorporación a la Comunidad Europea marcó una transformación social y económica profunda. España ha consolidado una democracia más sólida, ha visto crecer su economía hasta situarse entre las principales de Europa y ha mejorado expectativas de vida y bienestar.
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En cifras aproximadas —según remarcó Sampedro— la esperanza de vida ha subido casi una década, el producto interior bruto por persona se ha multiplicado y una amplia mayoría de la población valora positivamente pertenecer al bloque comunitario.
Gastos y logros concretos
La presencia española en la UE no se limitó a recibir fondos; también influyó en decisiones y políticas. El país ha impulsado medidas que hoy forman parte del ADN europeo, desde la cohesión territorial hasta programas de movilidad universitaria.
- Schengen y el euro: integración en los espacios de movilidad y en la moneda común.
- Erasmus: oportunidades de estudio y movilidad para generaciones enteras.
- Fondos de cohesión y recuperación: inversión en infraestructuras y proyectos estratégicos.
- Transición energética: apoyo a renovables y reformas del mercado eléctrico.
- Pilar Europeo de Derechos Sociales: refuerzo de derechos laborales, igualdad y reconocimiento de la vivienda como un problema social europeo.
Esos hitos, señaló el secretario de Estado, han convertido a Europa en un ancla de estabilidad para España y a España en un socio activo dentro del bloque.
¿Cómo es la UE hoy y cuál es el papel de España?
La Unión enfrenta hoy presiones internas y externas: tensiones geopolíticas, el auge de posturas ultranacionalistas y desafíos informativos que minan la confianza pública. Aun así, las crisis recientes han demostrado que la respuesta conjunta es más eficaz.
En ese contexto, Madrid pretende mantener un liderazgo europeísta: promover una agenda basada en la triple transición —ecológica, digital y social— y defender una economía orientada al empleo y al crecimiento sostenible.
Visión de futuro: ¿hacia dónde va Europa?
Sampedro proyecta una Unión con mayor capacidad de decisión estratégica y con una integración más profunda en ámbitos políticos, económicos y de defensa. La apuesta es por una soberanía europea abierta, que combine autonomía con cooperación internacional.
Pero el objetivo no es solo reforzar estructuras: se trata de convertir la cohesión en un motor de competitividad y de responder a problemas cotidianos como la vivienda, el empleo y la inflación.
Lecciones aprendidas
La experiencia de las últimas cuatro décadas, según la valoración oficial, confirma que la UE funciona como marco para ampliar derechos y proteger a los ciudadanos. España sale de esta etapa con lecciones claras sobre la importancia de la cooperación supranacional y la necesidad de profundizar en políticas que acerquen los beneficios a la vida diaria.
Para los ciudadanos, esto significa políticas europeas que impactan directamente en el bolsillo y en servicios: empleo, protección social, movilidad laboral y oportunidades educativas.
En Estrasburgo, entre el reconocimiento institucional y el luto por Córdoba, el mensaje es doble: celebrar avances acumulados y preparar la respuesta colectiva a desafíos nuevos. La pregunta, para España y para el resto de socios, no es si la UE cambiará, sino cómo diseñarán juntos ese cambio.












