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María Casado, rostro conocido de la televisión española, reivindica hoy que una piel expuesta a luces, maquillaje y jornadas largas necesita más que retoques: pide protocolos reales y sencillos que cualquier persona pueda seguir. Su experiencia combina estética profesional y reflexiones sobre el oficio periodístico, un cruce relevante en un momento en que las pantallas —y ahora la inteligencia artificial— transforman tanto el ideal de belleza como la forma de informar.
Durante la conversación, Casado explica cómo cuida su piel tras jornadas frente a cámaras y por qué opta por rutinas prácticas; además aborda cambios en la televisión, la moda sobre el escenario informativo y las dudas que abre la verificación en la era digital.
Del plató a la rutina: qué exige la televisión
El trabajo ante focos y cámaras exige productos de mayor cobertura y una aplicación distinta a la del día a día. Esa acumulación, si no se corrige con una limpieza y cuidado adecuados, termina marcando la piel con el tiempo.
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Casado subraya que, pese a la rapidez con la que suelen desarrollarse las jornadas, no renuncia a desmaquillarse con calma al llegar a casa: considera la limpieza nocturna y la hidratación como pilares imprescindibles antes de dormir.
En su caso, la apuesta ha sido por una línea de cosmética con ingredientes inspirados en tratamientos profesionales —retinoides, ácido hialurónico y vitamina C— que, según explica, ha integrado en una rutina diurna y nocturna sencilla y constante.
Rutina práctica: prioridades sobre número de pasos
Casado evita rutinas extensas: prefiere pocos pasos bien elegidos antes que largas ceremonias. Explica que la constancia es más efectiva que la complejidad, y que el objetivo es un protocolo compatible con la vida real y las exigencias laborales.
- Limpieza diaria y dedicada al final de la jornada.
- Hidratación como base antes de acostarse y por la mañana.
- Productos con activos que aporten firmeza y luminosidad, aplicados de forma continuada.
- Rutinas breves: eficacia por encima de rituales largos.
- Cuidado y respeto por prendas y objetos históricos —como el vestido de una figura icónica— cuando se usan en actos públicos.
Moda, comunicación y responsabilidad en plató
La presentadora reconoce la importancia del vestuario como parte del lenguaje televisivo: la indumentaria acompaña el tono del mensaje y se personaliza según cada presentador. Contó cómo se sintió al vestir una prenda con historia —una referencia a la moda que conecta pasado y presente— y la responsabilidad de cuidarla.
En cuanto al tono informativo, defiende una aproximación cercana y directa: pequeños gestos o guiños al público no restan seriedad si se dosifican correctamente. Para ella, el reto es mantener rigor y credibilidad mientras se adapta el formato a audiencias más jóvenes.
Periodismo ante la era de la verificación
La llegada de tecnologías como la inteligencia artificial complica la labor de comprobación. Casado admite la preocupación profesional ante imágenes y contenidos difíciles de verificar y destaca la necesidad de asumir una práctica periodística más cautelosa: cuestionar, reconfirmar fuentes y no dar nada por sentado.
Según la periodista, el nuevo contexto obliga a trabajar con más cautela sin renunciar a contar historias con cercanía.
Consejos para quien quiere entrar en el oficio
- Sé honesto y generoso con tu trabajo; el periodismo exige compromiso emocional e intelectual.
- Ama lo que haces: la pasión ayuda a superar las etapas más duras.
- Busca lo que te hace feliz dentro de la profesión, pero mantén la humildad y la curiosidad.
Casado también compartió una anécdota sobre los directos: disfruta de la adrenalina del en vivo y asume que los deslices forman parte del oficio. Confiesa que, cuando la risa le sorprende en un momento serio, recurre a pequeños trucos para recuperar la compostura; esas vivencias humanizan al presentador ante la audiencia.
El testimonio de María Casado ofrece dos lecciones claras: por un lado, que el cuidado cutáneo profesional puede traducirse en rutinas accesibles; por otro, que el periodismo necesita adaptarse a nuevas narrativas sin perder el rigor, especialmente ante riesgos tecnológicos que complican la verificación. Para el público, la conclusión es práctica: menos pasos, mejor escogidos, y una actitud crítica frente a lo que llega por la pantalla.












