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Su nuevo trabajo, titulado Lo bello y lo roto, parte de la idea de que las heridas pueden convertirse en material creativo: un disco que mezcla desahogo y búsqueda estética y que llega en un momento en que la conexión emocional con la audiencia es clave. Además, el artista sevillano no solo firma sus propios temas: ahora también escribe para figuras internacionales, lo que refuerza la relevancia de su propuesta más allá del público nacional.
Una estética con sentido: el kintsugi como brújula
El hilo conductor del álbum es la imagen japonesa del kintsugi, la técnica de reparar cerámica con oro que convierte la rotura en parte de la belleza del objeto. El cantante explica que esa metáfora resume la idea de reconstrucción y aprendizaje tras el dolor: las canciones funcionan como piezas sueltas que, juntas, conforman una nueva versión de sí mismo.
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No se trata de un proyecto concebido con una fórmula única: el músico prefiere trabajar cada tema por separado, cuidando letra y melodía hasta que le parecen honestas. El resultado ofrece desde baladas íntimas hasta temas más movidos pensados para saltar en directo.
Lo esencial del disco en breve
- Tema central: transformación personal y resiliencia, inspirada en el kintsugi.
- Variedad sonora: baladas, canciones uptempo y colaboraciones con artistas urbanos.
- Colaboradores destacados: Morodo y SFDK participan en uno de los cortes con claro sello rap.
- Trayectoria como autor: ha compuesto para artistas grandes del mercado latino y español.
- Tiempo de gestación: el material se ha ido gestando a lo largo de dos años y medio.
La mezcla de registros busca evitar encasillamientos: quien se acerque por primera vez al disco no encontrará solo llanto y melancolía, sino también energía y ciertos guiños al rap y a ritmos para el directo.
Un autor buscado por otros artistas
En los últimos meses su nombre ha empezado a sonar fuera de su propio círculo: le han pedido canciones artistas de géneros ajenos a los suyos, desde reguetón hasta pop comercial. Entre quienes han recurrido a él figuran Nicky Jam y Karol G, y también ha aportado material para el próximo disco de Malú.
Componer para terceros le obliga a salir de su propia voz y a imaginar otras personalidades musicales, un ejercicio que describe como “complicado pero estimulante”.
Sobre letras y estilo
Siempre ha priorizado la palabra: su audiencia responde a letras que invitan a la introspección y al reconocimiento personal. Rechaza deliberadamente el recurso fácil de los insultos o expresiones soeces que abundan en algunos éxitos contemporáneos; no por moralismo, dice, sino porque ese lenguaje no encaja con su manera de escribir.
La emoción, según él, puede transmitirse tanto por la forma como por el fondo: hay canciones que provocan un desahogo colectivo en los conciertos, donde el público participa activamente más que aplaudir pasivamente.
Ritmo de trabajo y expectativas
Tras más de dos años sin publicar un álbum, el artista aclara que no sigue la lógica de publicar por obligación: su proceso es más pausado y personal. Para su base de seguidores esa lentitud es conocida y respetada; para quienes buscan novedades constantes, su propuesta puede resultar menos inmediata.
Confiesa que su motivación viene del afán de perfeccionar letras y melodías, no de cumplir calendarios de consumo musical.
Vida pública, timidez y momentos extraordinarios
La fama ha traído incomodidades: reconoce que todavía carga cierta inquietud al moverse en público, esa sensación de ser observado aunque nadie se lo recrimine. Sin embargo, ha ido ganando soltura en los escenarios con la práctica.
Entre los episodios más llamativos de su carrera reciente está la invitación al Vaticano para interpretar la canción «Superhéroes» ante miles de niños y conocer al Papa Francisco, una experiencia que define como surrealista.
Y, hablando de referentes, valora enormemente la versatilidad de artistas contemporáneos: destaca el riesgo y la seguridad de figuras como Rosalía, cuyo trabajo le parece una demostración de talento y coherencia artística.
¿Qué debería importar al lector hoy? En un momento en que la música se consume rápido y a ráfagas, este disco propone detenerse y escuchar con atención. Sus letras pueden servir de refugio para quienes buscan palabras que ayuden a recomponer experiencias difíciles, y su creciente papel como autor para otros intérpretes evidencia cómo la capacidad de emocionar sigue siendo moneda de cambio en la industria.
Lo bello y lo roto no es solo un título: es una apuesta por convertir las grietas en contenido significativo, y por demostrar que, tanto en la creación propia como en la colaboración con otros artistas, la honestidad emocional sigue siendo un valor diferencial.












