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Una verdad incómoda sobre el Barrio Gótico de Barcelona

Muchas veces las verdades duelen o son incómodas. Por otra parte siempre están esos secretos a voces que todo el mundo sabe pero que nadie se atreve a decir en voz alta. Sin duda una de los secretos y una de las verdades que más incomodan en la ciudad condal es la controversia acerca del famoso Barrio Gótico de Barcelona.

Situémonos en el año 1902 donde la burguesía catalanista está consiguiendo cada vez más poder político y entre sus ideas sobresalía la de convertir la ciudad en una de las grandes capitales europeas. Para ello deberían llevar a cabo una profunda reforma urbanística. Si miraban a su alrededor lo que veían era una ciudad sin importancia, bastante insalubre, con mala comunicación y tomada por un fuerte movimiento obrero que incomodaba enormemente a la burguesía cuyo deseo era transformar todo aquello en una ciudad modelo. Para ello uno de los grandes pilares a tener en cuenta era el turismo, que sin duda, atraería grandes inyecciones de dinero. Pero de nuevo mirando a su alrededor lo que se encontraron fue un centro histórico descuidado y sumido en una gran marginalidad donde habitaban los estratos más bajos de la sociedad. Fue entonces cuando surgió una idea, a priori descabellada, pero que acabó consiguiendo el propósito inicial.

Si no hay una verdad histórica ¿por qué no inventársela? Es así como se comenzaron a reconstruir edificios, a mover construcciones de un lugar a otro y a construir un ambiente puramente medieval. Como apunta el profesor de la Universidad de Barcelona Agustín Cócola, puede entenderse prácticamente como un parque temático del estilo gótico con una marcada finalidad turística. Aunque si profundizamos un poco nos topamos con la intención de contar un pasado glorioso en el cual el nacionalismo se apoyaba para construir una identidad propia basándose en unos orígenes medievales hechos a medida.

La Catedral de Barcelona. A la izquierda en 1880 y a la derecha 1913.

Resulta curiosa la emblemática fachada de la catedral. Aunque el templo comenzó a levantarse en el siglo XIII su fachada fue construida entre 1882 y 1913 por Josep Oriol Mestres y Augusto Font Carreras. Para ello se eligieron gran número de elementos góticos, criterio exigido en el concurso de la construcción.

Las Cases dels Canonges,  conjunto de origen medieval a las espaldas de la catedral tuvieron que esperar a 1927 para que llegara su turno de restauración por parte de la Diputación. En este caso incluso se llegaron a incluir elementos provenientes del gótico nórdico. Justo enfrente se encuentra el Palacio de la Generalitat, se decidió unir los edificios mediante un puente que algunos tildaron de excesivo y exagerado.

La Plaza del Rey se remodeló a partir de su antigua estructura pero eliminando todos aquellos elementos arquitectónicos que no pertenecieran al estilo dictado. Fueron sustituidos los capiteles de las columnas o los doseles de las ventanas al igual que el portal neoclásico que pasó a ser situado en la parte posterior.

Patio de La Casa Padellás

Siguiendo esta línea de envejecer edificios para dotarlos de cierta notoriedad histórica se encuentran otros casos como el del edificio del Centro Excursionista de Cataluña con sus almenas y merlones, La Casa Padellás en la cual se eliminaron elementos propios para sustituirlos por otros de inspiración más gótica, el Palacio Berenguer con sus recientes galerías con arcos o más recientemente el Real Círculo Artístico al cual se le cambiaron las ventanas por otras góticas ya en el año 1970.

Parece que toda esta realidad crea un gran temor sobre todo entre las autoridades de turno. Que se explique la verdad sobre la construcción de ciertos monumentos no significa un desprecio, sino una forma de conocer una historia sin miedo a que esto afecte a su actividad turística. Todos aceptamos como válidos ciertas réplicas de símbolos mundiales por ejemplo, y aun sabiendo que no son originales no dejamos de visitarlas. Por lo cual no me explico ese afán de esconder la realidad como si fuera una tema tabú. Nadie duda que esta zona de Barcelona seguirá siendo un agradable lugar que conocer sea cual sea su origen, aunque no sea gótico todo lo que reluce.