[dropcap type=”2″]L[/dropcap]a libertad religiosa se ve a menudo atacada en España. Son varias las ofensas hacia las religiones, pero últimamente todos los ataques van en una única dirección: los católicos.

En contra de lo que contempla la Constitución Española en su artículo 16.1: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley”, se produce hoy en día en España -consecuencia de lo que Karl Marx llamara “el opio del pueblo”– una auto-legitimación de los liberticidas para atacar a la religión católica -o cualquier otra, como la judía- sin necesidad de responder de sus propios actos, ya que ven esos ataques como algo “por el bien del pueblo”.

Ya Bakunin, cabeza visible del movimiento anarquista, en su libro “Dios y el Estado” venía a decir algo así como que los sacerdotes eran brujos, comparando la religión cristiana con cualquier forma de magia o religión primitiva. Asimismo, de su obra se puede deducir una admiración por la figura del diablo, de Lucifer, a quien considera “un revolucionario en el cielo”.

Como digo, en España no se cumple -o no del todo- la “libertad religiosa y de culto”. Son constantes los ataques a aquellos que profesan libremente sus creencias, como si fueran “los leprosos de antaño”, como si la religión fuera mala y se contagiara.

Uno de esos ataques, archiconocido en los últimos días por el revuelo causado, es el de la nueva portavoz del Ayuntamiento de Madrid y concejal del mismo por Ahora Madrid, Rita Maestre, quien asaltó la capilla de la Universidad Complutense en marzo de 2011, con el torso desnudo al grito de “¡Arderéis como en el 36!”, como si los ataques producidos en la Segunda República hacia los católicos fuera para estar orgullosos y tan siquiera recordarlo, mucho menos para amenazar con repetirlo -el “no es esto, no es esto” de Ortega viene bastante al caso-. Pero recordemos que en las bases de Podemos -Ahora Madrid es Podemos, por mucho que Manuela Carmena se empeñara en decir lo contrario- existe nostalgia del régimen que desencadenó la Guerra Civil de 1936, y todo lo que sea revivir aquella “trágica etapa de la historia de España”, en palabras del historiador Pío Moa, les parece, cuanto menos, acertado.

[quote_right]No confundir “Aconfesionalidad” con “Laicismo”[/quote_right] Es muy común que se suela confundir la aconfesionalidad (laicidad) del Estado (Estado Laico), recogida en el artículo 16.3 de la Constitución Española: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”, con el laicismo.

Mientras que la aconfesionalidad quiere decir que el Estado no tiene ninguna confesión religiosa adherida a él -por ejemplo, en el Franquismo se dio la confesionalidad católica del Estado, que acabó en la Transición-, el laicismo es algo completamente diferente, es la “hostilidad contra la religión”.

La laicidad del Estado debe ser compatible con todas las confesiones religiosas dentro de los principios de libertad religiosa y neutralidad del Estado, en una “sana colaboración y un espíritu de responsabilidad compartida”, como dijo el Papa emérito Benedicto XVI. Por el contrario, el laicismo no permite ninguna religión, atacando dicha libertad religiosa recogida en el constitucionalismo clásico y en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

España es un Estado aconfesional (laico) y no laicista. Por tanto, puede haber capillas católicas, al igual que mezquitas o sinagogas, en universidades y demás recintos públicos. Por lo que aquellos que defienden el ataque de Maestre a la capilla de la Universidad Complutense “porque no puede haber capillas en un lugar público”, se equivocan. Sí puede haberlas. El artículo 2.3 de la Ley 7/1980 de libertad religiosa así lo recoge: “Para la aplicación real y efectiva de estos derechos, los poderes públicos adoptarán las medidas necesarias para facilitar la asistencia religiosa en los establecimientos públicos”.

Otra cuestión es si los que atacan la libertad religiosa de los demás están más cerca del laicismo que de la laicidad, algo de lo que no tengo la menor duda. Al fin y al cabo, el totalitarismo de algunos proclama el laicismo como uno de sus “tema por bandera”. Nuevamente, la Historia está llena de ejemplos.

 

 

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David Muñoz Lagarejos
Graduado en Ciencia Política y Gestión Pública por la Universidad Rey Juan Carlos. Estudiante de Economía en la UNED. Columnista en La Razón. Apasionado, además, de la Economía y la Historia. Por un mundo más libre, vacío de totalitarismos y de gente que impone sus ideas a los demás bajo la fuerza.